Las víctimas de desastres naturales derivados del cambio climático aumentarán en un 54% en sólo seis años

El sistema internacional de respuesta humanitaria será incapaz de hacer frente a estas nuevas crisis a menos que se inviertan en él 25.000 millones de dólares anuales.

Oxfam alerta en el informe "El derecho a sobrevivir" de que en tan sólo seis años el número de personas afectadas por los desastres naturales derivados del cambio climático se incrementará en un 54%. O lo que es lo mismo: en 133 millones de individuos. De este modo, los afectados por desastres relacionados con el clima sumarán unos 375 millones en 2015.

Además, el estudio -elaborado por Oxfam Internacional- advierte también de que el actual sistema internacional de respuesta humanitaria será incapaz de hacer frente a estas nuevas crisis, a menos que los países ricos realicen la inversión necesaria para fortalecerlo. “A medida que el cambio climático y la mala gestión del medio ambiente provocan una proliferación de sequías, desprendimientos de tierras, inundaciones y demás desastres naturales, más personas se vuelven vulnerables a estas catástrofes debido a su pobreza y su ubicación”, aseguró ayer la directora general de Intermón Oxfam (Oxfam Internacional en España), Ariane Arpa, durante la presentación del informe.

El incremento de la vulnerabilidad ante los desastres de la población más desfavorecida del mundo vendrá motivado en un futuro muy cercano por cuatro tendencias. En primer lugar, ha aumentado el número de personas que viven en “chabolas urbanas” construidas sobre terrenos precarios. En este sentido y a modo de ejemplo, cabe recordar que más del 50% de los habitantes de Mumbai vive en barrios marginales, muchos de los cuales se han construido sobre pantanos secos.

En 2005, las terribles inundaciones que se produjeron en la ciudad india provocaron la muerte de alrededor de 900 personas. La mayoría fallecieron por deslizamientos de tierra y derrumbes de edificios. En segundo término, la pérdida de productividad de la agricultura de los países en desarrollo unida al incremento de la demanda global de alimentos –debido al aumento de la población y a la creciente demanda de cultivos para piensos y para la producción de biocombustibles- hará que aumente la inseguridad alimentaria de las personas más vulnerables.

Tercero, la degradación del medio ambiente y los conflictos bélicos, que en ocasiones se interrelacionan y refuerzan, obligarán a muchas personas a huir de sus hogares. Destrozando así sus medios de vida, bienes y redes de apoyo, tanto familiares como comunitarias. Algunas estimaciones sugieren que habrá hasta mil millones de personas que se encontrarán en esta situación en 2050. “Generaciones enteras han sido desplazadas tres, cuatro y hasta cinco veces y no conocen otra cosa que el conflicto armado y el desplazamiento", recalcó Arpa. En este sentido, las guerras impidieron que más de 18 millones de personas obtuvieran suficiente ayuda humanitaria en 2007, según cifras de las Naciones Unidas.

Por último, la crisis económica mundial, agudizada a finales de 2008, podría provocar un aumento en el desempleo y el deterioro de las redes sociales de seguridad, aumentando aún más las necesidades humanitarias en algunos países.

Sin capacidad de respuesta

El sistema internacional de respuesta humanitaria, tal y como está establecido hoy, será incapaz de afrontar futuras crisis derivadas de los desastres naturales. “Una proporción aún demasiado elevada de la ayuda humanitaria es inadecuada y se encuentra mal orientada: muy escasa, muy tardía, de calidad mediocre y sin centrarse en las necesidades concretas de los distintos grupos de afectados,” declaró la directora de Intermón Oxfam.

El incremento del 54% en el número de víctimas de desastres naturales desbordaría completamente el sistema humanitario si no recibe la inversión necesaria. El mundo dedica una parte ínfima de su riqueza a la asistencia humanitaria. En 2006, los países desarrollados destinaron 14.200 millones de dólares anuales. El equivalente a apenas 50 dólares por persona, una cantidad  insuficiente para cubrir todas las necesidades básicas de los afectados. Para hacer frente al incremento en el número de personas afectadas por los desastres, los gobiernos donantes deben incrementar sus aportaciones para lograr en 2015 una cantidad de al menos 42.000 millones de dólares anuales. Algo que sería perfectamente posible si todos los gobiernos de la OCDE actuaran como sus diez miembros más generosos.

“El coste de ofrecer una asistencia digna a todos aquellos hombres, mujeres y niños que pudieran necesitarlo en 2015, representaría sólo una pequeña fracción de lo que los países ricos han gastado en la crisis financiera global de 2008. No ofrecer esta asistencia sería una grave violación del deber de los Estados de salvaguardar ese derecho humano tan básico que es el derecho a la vida”, señaló Arpa.

Intermón Oxfam afirma que el sistema internacional de ayuda humanitaria debe actuar rápida e imparcialmente después de cada desastre, invirtiendo fondos y esfuerzos que se correspondan con los niveles de necesidad que se estén atendiendo. “En septiembre de 2007, Nicaragua se vio azotada por el huracán Félix. Más de 200.000 personas resultaron damnificadas. Hoy estamos desarrollando, junto a las autoridades locales, un amplio programa de gestión de riesgos de desastres naturales con el objetivo de que la población más vulnerable esté capacitada para enfrentarse a estos fenómenos.", explica Arpa.

Este tipo de programas derriba las barreras clásicas entre ayuda humanitaria y desarrollo y se centran en fortalecer la capacidad de respuesta local y reducir la vulnerabilidad.  Así, en 2007, Oxfam Internacional colaboró con las autoridades locales en Bolivia para responder de manera rápida y eficaz a las graves inundaciones sufridas. Los proyectos se centraron en adaptar el sistema agrario para afrontar inundaciones y sequías, mejorar la fertilidad del suelo y aumentar productividad de las tierras.

No obstante, las  respuestas humanitarias suele prestarse sobre la base de prioridades políticas y de otro tipo, lo cual hace injusto el sistema. En 2004, por ejemplo, se gastó un promedio de 1.241 dólares por cada víctima del tsunami asiático, mientras que apenas se desembolsaron 23 dólares por persona en la crisis humanitaria en Chad.

“El cambio climático ha pasado de ser una terrible amenaza a afectar de lleno a las personas más pobres. Este hecho está aumentando la presión sobre la parte de nuestro trabajo centrada en ayudarles a superar la pobreza. Las naciones ricas deben comprometerse ahora a reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero para poder mantener el calentamiento global los más lejos posible de la barrera de 2°C por encima de los niveles preindustriales. Además, los países más contaminantes y ricos deben ofrecer al menos 50.000 millones de cada año para ayudar a los países empobrecidos a adaptarse a las consecuencias inevitables del cambio climático”, concluyó Arpa.

 

Más información: casos reales, fotogalería de imágenes y el informe completo.

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