El sistema de ayuda afgano debe reformarse ante la apremiante situación de la población

Muy pocos afganos se están beneficiando de los esfuerzos que la comunidad internacional está realizando para ayudar al país. Según ha anunciado Oxfam Internacional (Intermón Oxfam en España), un tercio de la población en Afganistán está en riesgo de sufrir hambre.

A pesar de los millones de euros que se han destinado en forma de ayuda para Afganistán, la cantidad ha sido insuficiente para poder hacer frente al legado que tres décadas de conflicto y caos han dejado en el país.

Estados Unidos gastó en seguridad 100 millones de dólares al día, pero el presupuesto general de todos los donantes es menos de 7 millones de dólares al día. 

La ayuda, si se destina correctamente y de forma eficiente, puede significar una gran diferencia en la situación del país. La elección de un nuevo gobierno en Kabul debe ir acompañada de mayores reformas en gobernanza y efectividad de la ayuda, ha afirmado Oxfam Internacional. Hasta ahora, gran parte del dinero entregado por los gobiernos internacionales ha resultado inefectivo, no se ha coordinado su entrega o se ha malgastado sin llegar a alcanzar a la población afgana.

Grace Ommer, la directora de Oxfam Gran Bretaña en Afganistán, ha dicho:

“En Afganistán hay problemas enormes, pero no son insolubles. Se ha mejorado mucho desde el 2001. Ha aumentado el número de niños que puede ir a la escuela, los  servicios sanitarios son más efectivos y lentamente, las infraestructuras van mejorando. Pero Afganistán podría y debería hacer mucho más de lo que está haciendo”.

Los niveles de pobreza continúan siendo de los peores en el mundo, con un  40% de la población por debajo del umbral de pobreza. Una mujer muere cada 30 minutos durante el embarazo o el parto.

Tras casi 8 años de presencia occidental en el país, muchas zonas todavía tienen que hacer frente a la escasez alimentaria y más de 7,3 millones de personas están en riesgo de malnutrición, según Oxfam Internacional. La situación está empeorando a causa del conflicto, y muchas áreas son inaccesibles para los trabajadores humanitarios.

Ommer ha dicho: “La comunidad internacional ha prometido hacer mucho por los afganos, pero gran parte de la ayuda y propuestas de reconstrucción no han logrado cumplir estas promesas. Los donantes duplicaron sus compromisos de fondos pero la distribución de la ayuda ha sido lenta, una situación provocada por la ineficiencia, la falta de transparencia y la corrupción. La ayuda que llega a Afganistán, raramente alcanza a la población que la necesita o se gasta en proyectos elegidos en función de las prioridades de los donantes y no de las necesidades reales de los afganos”.

A pesar de todos estos problemas, los afganos todavía necesitan nuestra ayuda.

Ommer añade:  “Grandes cantidades de dinero entran a través de los PRT (Provincial Reconstruction Teams), organismos gestionados por los militares que tienen poca capacidad para realizar trabajo humanitario. En muchos lugares de Afganistán, la militarización del trabajo humanitario no está promoviendo el desarrollo ni la estabilidad y está arrojando a los civiles más en el conflicto. Las comunidades e instituciones locales o las organizaciones humanitarias deberían recibir muchos más fondos, para que el dinero fuera efectivo y tuviera mayor impacto”.

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