¿El G8 se convertirá en otra “red social”?

Con la llegada de los líderes del G8 a Francia para la cumbre, Oxfam instó a los ocho líderes a mostrar que no son unos charlatanes y a buscar en Google los compromisos que ya tienen adquiridos para con los pobres antes de prometer otros nuevos.

“¿Acaso la pobreza global debe ser un tema de moda en Twitter para llamar la atención del G8?” pregunta Emma Seery, portavoz de Oxfam. “El G8 no puede esperar a que mil millones de personas pasen hambre cada día para ponerlo en Twitter antes de encarrilar nuevamente sus promesas de lucha contra el hambre y la pobreza”.

Hace seis años, el G8 prometió incrementar la ayuda en 50 mil millones de dólares para inversiones necesarias en sanidad, educación y lucha contra el hambre, pero se quedaron cortos en 19 mil millones, y lo peor es que falsearon los libros contables para hacer creer que habían aportado toda la cantidad. Si esta cumbre acaba con algo que no sea un plan de acción para encarrilar sus promesas nuevamente, quedará claro que el G8 pasó de ser un organismo activo a un mero grupo de debate.

Esto es inaceptable, ya que el G8 tiene demasiados asuntos pendientes de los que debe encargarse. Los líderes del G8 pueden revigorizar las negociaciones actuales sobre el cambio climático subrayando la acuciante necesidad de un marco de trabajo internacional y vinculante para luchar contra este flagelo y los fondos para que las comunidades que ya están afectadas se adapten a él.

“Necesitamos más que un ‘informe´ sobre el cambio climático, por lo que los pocos minutos que los líderes del G8 dediquen a esto tendrán que ser muy productivos”, declara Seery.

También deberían tomarse en serio las innovadoras opciones de financiación que ya están sobre la mesa, orientadas a conseguir nuevos fondos para luchar contra el cambio climático y la pobreza, incluyendo un impuesto global sobre las transacciones financieras de los bancos (tasa Robin Hood) que podría recaudar unos 400 mil millones de dólares anuales.

El G8 también tiene una oportunidad de influir sin coste alguno dando su apoyo a leyes de información obligatoria para las empresas petroleras, de gas y mineras, como la Ley Dodd-Frank en los EEUU, de reciente aprobación.

“Al apoyar que se informe obligatoriamente de los pagos, el G8 puede ayudar a que los ciudadanos de los países en desarrollo exijan a sus gobiernos que inviertan los fondos en prioridades como educación, salud y agricultura”, comenta Mamadou Biteye, director regional para África Occidental de Oxfam. “Esto también allanará el camino para que los países en desarrollo reciban un trato justo de las empresas”.

La Primavera Árabe exigió a los gobiernos responsabilidad frente a sus ciudadanos, y tanto jóvenes como mayores escribían en Twitter, subían noticias, marchaban y protestaban a favor de la democracia. Al recordar los eventos de los últimos meses, el G8 debería recordar que el nivel de pobreza, desempleo y desigualdad en el crecimiento de muchos países en Oriente Próximo han sido factores subyacentes de la oleada de protestas. Oxfam exige al G8 que reconozca su papel clave como para influenciar la dirección de la transformación que tiene lugar y que dé prioridad al control de los derechos humanos, la reducción de la pobreza y las libertades políticas en las democracias emergentes.

“Con la Primavera Árabe en la agenda, el G8 debe enarbolar la bandera de las libertades políticas y los derechos humanos, así como ofrecer apoyo para una transición pacífica a la democracia”, añade Seery. “Pero hasta que cumplan con los compromisos ya existentes, cualquier nueva promesa estará vacía”.

Más información

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Notas a los editores

Hay fotos disponibles del acto de calle ante la Torre Eifel en Flickr

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