Aprender del tifón Haiyan: Los Gobiernos asiáticos deben responder ante el cambio climático

Muchos países asiáticos, como Bangladesh, Vietnam, Indonesia, Pakistán y Filipinas, deberían invertir más en fortalecer la capacidad de sus Gobiernos para proteger a la ciudadanía, dada la vulnerabilidad de la región ante los efectos del cambio climático. 

Un año después de que el súper tifón Haiyan devastara Filipinas, la organización internacional humanitaria Oxfam publica, hoy, un nuevo informe titulado Can't Afford to Wait (solo disponible en inglés) en el que señala que los Gobiernos asiáticos no están dando prioridad a iniciativas de reducción del riesgo de desastres (DRR, por sus siglas en inglés) a pesar de que se prevé que la región se vea afectada aún más por los efectos del cambio climático en el futuro. 

De acuerdo con la Oficina Internacional de Reducción de Desastres de Naciones Unidas (UNISDR, por sus siglas en inglés)(1), Asia es la región más proclive del mundo a padecer desastres naturales. En 2013, el 43% de los desastres naturales que se produjeron en todo el mundo ocurrieron en Asia y, sin embargo, el 78% del total de las víctimas mortales que provocaron vivían en esta región (2). Durante los últimos 20 años, Asia ha debido hacer frente a casi la mitad de los costes económicos globales estimados derivados de desastres (casi 53.000 millones de dólares anuales). Las pérdidas directas en la región superaron de forma significativa el crecimiento del PIB (3). Se estima que solo las pérdidas agrícolas provocadas por las inundaciones en el sudeste asiático ascienden a 1.000 millones de dólares anuales(4).

Un coste económico y humano demasiado alto

De acuerdo con el Banco Asiático de Desarrollo, si no se toman medidas, para el año 2100, cuatro países (Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam) podrían sufrir pérdidas anuales equivalentes al 6,7% de su PIB, más del doble de la media mundial. Esto puede suponer un duro golpe para muchas economías de Asia, cuyo PIB ha experimentado un crecimiento medio del 6% desde el año 2012. 

Si el cambio climático no se aborda de forma adecuada, éste podría socavar los esfuerzos de la región en materia de desarrollo y lucha contra la pobreza. Oxfam ha analizado las políticas de reducción del riesgo de desastres y de adaptación al cambio climático de los diez Estados miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) y de cuatro de la Asociación para la Cooperación Regional del Sur de Asia (SAARC, por sus siglas en inglés) y ha concluido que muchos Gobiernos asiáticos no invierten lo suficiente en planes agrícolas para mejorar la resiliencia de sus ciudadanos y ciudadanas ante el cambio climático. 

Falta de coordinación a nivel nacional y local

El informe apunta a que la mayoría de los Gobiernos han establecido políticas relacionadas con la preparación ante desastres y los efectos del cambio climático, pero que su puesta en práctica ha tenido un éxito variable. Los programas de reducción del riesgo de desastres a menudo exigen una coordinación significativa entre los ministerios nacionales y los Gobiernos locales. Sin embargo, el análisis de Oxfam revela que, a menudo, estos últimos no pueden proporcionar a las comunidades locales las herramientas que precisan para prepararse, reaccionar y recuperarse ante los desastres. Los Gobiernos de Bangladesh, Indonesia, Pakistán, Vietnam y Filipinas tienen, todos, dificultades a la hora de gestionar esta coordinación. El coste humano de los desastres naturales en Asia sobrepasa cualquier intento de abordar –y, mucho menos, eliminar– la amenaza que representa el cambio climático.

"Cuando los Gobiernos no pueden implementar políticas para hacer frente al cambio climático adecuadamente, todo juega en contra de las personas pobres. En Asia, son las familias productoras de alimentos, que viven a merced de los desastres naturales y que carecen de ahorros o de activos para recuperarse, quienes perderán la lucha contra el cambio climático”, señala Snehal Soneji, director de país de Oxfam en Bangladesh.

Un año tras el tifón Haiyan, Oxfam ha concluido en su análisis que, a pesar de que el Gobierno de Filipinas ha mostrado liderazgo durante la transición de la fase de asistencia humanitaria, el impacto de las labores de recuperación puede disminuir si no se proporcionan más recursos a las autoridades locales. Ciertas iniciativas para la reducción del riesgo de desastres –como, por ejemplo, planes actualizados sobre el uso del suelo u oficinas de DRR con personal suficiente– no siempre están operativas a nivel local. El Plan Exhaustivo de Recuperación y Rehabilitación (CRRP, por sus siglas en inglés) de 3.900 millones de dólares del Gobierno de Filipinas ofrece la oportunidad de desarrollar las capacidades a nivel local, fortalecer las capacidades del personal de DRR y garantizar que todas las municipalidades, incluidas las más pobres, tengan los recursos necesarios para implementar las actividades de recuperación y los planes de gestión de desastres de forma eficaz.

La comunidades agrícolas y pesqueras, las más vulnerables

Un año después de que el tifón Haiyan asolara Filipinas, y a pesar de la importante cantidad de ayuda humanitaria proporcionada, las familias aún siguen teniendo dificultades para encontrar los recursos necesarios para recuperar sus medios de vida, lo que incrementa el riesgo de pobreza en una región ya de por sí pobre. 

Más de un millón de hogares productores de coco y 200.000 familias pescadoras –sectores caracterizados por sus pobres ingresos– se han visto afectados. Desde el pasado noviembre, Oxfam ha trabajado en 32 municipalidades e invertido 23 millones de dólares (de un total de 60 millones que se invertirán en el marco de un plan de tres años) para ayudar a más de 868.960 personas mediante la provisión de agua apta para el consumo, letrinas comunitarias, bombas de agua y vales para la compra de alimentos y otros gastos domésticos, la reparación y compra de barcos para la pesca, la eliminación de escombros y cocoteros caídos y el establecimiento de aserraderos para convertir la madera caída en madera aprovechable. 

Si no se aborda la vulnerabilidad de la población, que el tifón Haiyan dejó claramente patente, las comunidades afectadas seguirán expuestas a los terribles efectos de futuros desastres y a una mayor pobreza. 

Asia acoge a dos tercios de las personas que padecen inseguridad alimentaria en todo el mundo y que son, irónicamente, productoras de alimentos a pequeña escala en su mayoría: agricultores y pescadores. El aumento del nivel del mar, la intrusión salina y las inundaciones, que suponen una amenaza constante para las familias agricultoras que viven a lo largo de los miles de kilómetros de costa, podrían afectar a entre 3,5 y 5 millones de personas en todo Asia (6). Sus efectos perjudiciales en la producción de alimentos están cambiando rápidamente la variedad de alimentos disponibles y ponen en entredicho la adecuación de las redes de seguridad del Gobierno. 


El apoyo económico regional es clave

La cooperación regional en Asia es crucial para abordar el cambio climático, puesto que, a menudo, los países se ven afectados de forma simultánea. El análisis de Oxfam concluye que las instituciones regionales como SAARC y ASEAN deben hacer más por impulsar la financiación de iniciativas de adaptación al cambio climático nacionales. Asimismo, los países de esta región deben aprovechar la oportunidad que les brinda la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (CMNUCC), que se celebrará en Lima (Perú) el próximo mes de diciembre, para negociar de forma colectiva y garantizar el apoyo económico necesario por parte de los países ricos.

"Los países ricos deben apoyar a los países asiáticos en desarrollo para que estos puedan proteger a sus ciudadanos y ciudadanas ante los desastres climáticos. Se trata de una oportunidad única para recordar la devastación que provocó el tifón Haiyan y comprometerse a financiar el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés). Un tributo adecuado sería lograr que se comprometiesen 15.000 millones de dólares en la cumbre de Perú, de los que el 50% estarían destinados a la adaptación al cambio climático y el otro 50% a la mitigación de sus efectos", señala Soneji.

Ante las predicciones que apuntan a que se producirán nuevos fenómenos meteorológicos extremos, los Gobiernos de los países asiáticos y de los países donantes son responsables de proteger a la ciudadanía cumpliendo sus promesas y ampliando sus actuales programas para garantizar la resiliencia ante los desastres relacionados con el clima. 

Contacto para medios

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