Sudán del Sur: conseguir agua para miles de refugiados en el Alto Nilo

foto: Alun McDonald/Oxfam
foto: Alun McDonald/Oxfam

Casi 30.000 refugiados y refugiadas del conflicto de la región del Nilo Azul de Sudán han llegado a Jamam, un remoto pueblo del estado del Alto Nilo de Sudán del Sur, desde comienzos de 2012. El equipo de Oxfam desplazado en Sudán del Sur trabaja para ofrecerles agua potable, asistencia sanitaria y sistemas de saneamiento en el nuevo campo de refugiados y refugiadas.

En previsión de la llegada de más personas, Oxfam está ampliando la envergadura de nuestra respuesta. Christian Snoad, responsable de salud pública en emergencias de Oxfam y coordinador de los esfuerzos para la provisión de agua y sistemas de saneamiento en Jamam, nos explica en qué consisten los trabajos sobre el terreno. 

Una respuesta de mayor magnitud

A finales del año pasado, enviamos a nuestro personal y provisiones a la zona para anticiparnos a la ingente llegada de personas desplazadas a causa de la intensificación del conflicto en el estado del Nilo Azul de Sudán. En el mes de diciembre fletamos 3 aviones desde Juba, la capital de Sudán del Sur, para llevar más personal, alimentos, equipos para el campo de refugiados y sistemas como generadores, bombas sumergibles y tuberías para el agua.

Desde el 5 de enero han llegado 30.000 refugiados y refugiadas. Lo primero que hicimos fue consultar a las comunidades, porque aunque no parezca una prioridad en una situación de emergencia, queremos asegurarnos de que la respuesta no tiene un impacto negativo. No queremos hacer nada que pueda crear una dependencia cultural de la ayuda, sino que queremos desarrollar las competencias de las personas al máximo, aunando medios y el potencial que tienen las personas. Queremos ver qué son capaces de hacer las comunidades en lugar de enseñarles lo que sabemos hacer nosotros.

Este enfoque ha dado sus frutos. Hemos visto que hay muchas personas con capacidad para fabricar sus propias instalaciones de baño y letrinas, por lo que sólo les faltaba el equipamiento necesario. Sólo en esta semana, hemos ayudado a 600 familias a construir instalaciones de baño y 300 de ellas han construido sus propias letrinas con tan sólo las herramientas y materiales que les hemos proporcionado.

Provisión de agua y sistemas de saneamiento

En el campo de refugiados no hay fuentes de agua potable, por lo que hemos tenido que traer el agua en camiones desde unas perforaciones que mantenemos operativas a unos kilómetros de distancia. Se transporta el agua y se vierte en depósitos de presión a los que hemos conectado seis llaves de agua repartidas por todo el campo para que la gente pueda servirse.

También estamos ofreciendo servicios como llaves de agua para la comunidad anfitriona a fin de mitigar cualquier posible disputa que surja como consecuencia de la ingente llegada de desplazados. Jamam acogía a unas 3000 o 4000 personas, pero ahora su número se ha multiplicado por diez.

Estamos construyendo letrinas comunales con las que mejorar el sistema de saneamiento y hemos formado a 50 refugiados para que trabajen en el campo y promuevan las buenas prácticas higiénicas. El campo de refugiados está abarrotado de personas, algo que difiere mucho de su situación habitual, y éstas comparten el agua, unas cuantas letrinas y el jabón, por lo que existe un riesgo de que se propaguen las enfermedades.

Estos colaboradores formados utilizan diferentes métodos para que la gente participe, como juegos, reuniones, visitas a familias, y así difunden sus mensajes. Hemos procurado y descubierto formas innovadoras de hacer llegar el mensaje, y para ello éste tiene que ser interesante e implicar a las personas. Entre los refugiados del campo hay un grupo de música tradicional, por lo que esperamos poder trabajar conjuntamente para informar a la gente del campo sobre las buenas prácticas sanitarias.

Una pesadilla para los sondeadores

Trabajar implica muchos desafíos. Para empezar, el campo de refugiados se asienta sobre un terreno con artillería sin explotar (UXO por sus siglas en inglés) que quedó atrás pasada la guerra. Éste ha sido uno de los motivos que han hecho que la respuesta se retrasara ligeramente ya que era necesario inspeccionar y asegurar diferentes zonas antes de ponerse a excavar y levantar letrinas. También se sitúa en una llanura que se inunda y, de hecho, se esperan inundaciones para el mes de julio. Por tanto, este emplazamiento no es más que una solución temporal y resulta necesario encontrar una alternativa que no se sitúe en una zona con peligro de inundaciones, con restos de artillería y donde haya fuentes de agua. El problema es que resulta muy difícil encontrar un lugar que conjugue estas tres variables.

La llegada de tantos miles de refugiados estrangula la capacidad de los recursos naturales disponibles. Esta zona del mundo, esta tierra, no está concebida para acoger a un número tan elevado de personas. Incluso si aunáramos todas las fuentes de agua disponibles en el condado de Maban, donde se inscribe el campo de refugiados de Jaman, no serían suficientes para satisfacer la demanda de provisión de agua. Hay grandes estanques en el campo de refugiados llamados haffirs y donde se acumula el agua que quedó tras las últimas inundaciones. Por lo general, suelen estar secos por el mes de abril debido a su uso y a la evaporación, pero este año creemos que se secarán mucho antes debido al elevado número de personas que los utilizan.

Esta zona es una pesadilla para los sondeadores de pozos ya que está hecha de arcilla blanda, lo que dificulta las tareas de perforación. Hemos acometido perforaciones que se vinieron abajo al día siguiente, y aunque hay un buen caudal de agua cuando lo encuentras, el problema es poder extraerlo. Estamos a la espera de nuevos equipos para la extracción de agua y con los que esperamos aprovechar al máximo las perforaciones existentes, además de sondear otras nuevas.

La gente de aquí es muy dispuesta a la hora trabajar y al final de cuentas son ellos los que realizan el trabajo, mientras que nosotros les prestamos nuestro apoyo.