Julia Franco, campesina y activista paraguaya. Foto: Oxfam
Julia Franco, campesina y activista paraguaya que lucha por el reparto equitativo de tierras

La tierra de Julia

Julia Franco es una campesina de sonrisa infinita y brazo en alto. Ya no recuerda hace cuánto empezó a luchar por la tierra y la justicia, pero sabe que no se detendrá jamás: “las mujeres nunca pararemos, no bajaremos los brazos ni en la parcela, ni en la calle, ni en la casa, ni en la plaza.”

Ella es parte de Conamuri, la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Paraguay, una organización feminista y defensora de los derechos de los habitantes del campo. Todo empezó el Día de la Mujer Rural de 1999, cuando más de 300 mujeres decidieron unirse para iniciar la construcción de una organización nacional de mujeres que articule las reivindicaciones y propuestas de las mujeres de estos dos sectores. Desde entonces trabajan en la búsqueda de alternativas frente a la angustiante situación de pobreza, discriminación y exclusión por razones de clase, etnia y género.

Hoy, con apoyo de Oxfam, Julia y sus compañeras sensibilizan a jóvenes varones en perspectiva de género, derechos de las mujeres y no violencia; brindan formación política a hombres y mujeres jóvenes, promueven la participación política de las mujeres y planifican la elaboración de un censo nacional de mujeres sin tierra. Y es que la tierra, en Paraguay, es quizá uno de los iconos de la injusticia. Es el país con más inequidad de reparto en toda América Latina y esa es una de las razones que motivó el lanzamiento de la iniciativa “Tierras malhabidas = corrupción”.

“Nos sentimos orgullosas de llevar adelante esta lucha nacional por la recuperación de Tierras Malhabidas, porque las tierras malhabidas son el principal y más escandaloso ejemplo de corrupción que existe en nuestro país”, explica Julia. “Creemos que todo el pueblo paraguayo, toda la ciudadanía paraguaya, puede y debe manifestarse, movilizarse contra la corrupción, por la recuperación de tierras ilegales, robadas, malhabidas, que deben ser distribuidas priorizando la justicia social.” Esas tierras apropiadas fuera de regla superan los siete millones de hectáreas, la mayoría de ellas tomadas por plantaciones de soja.

Con esa presión pública, la Conamuri y otras organizaciones buscan que los tres poderes del Estado reconozcan públicamente la existencia de tierras malhabidas , inicien un debate nacional abierto sobre las raíces del problema y acuerden cómo recuperarlas. Exigen redistribuir las tierras democráticamente, partiendo de un plan productivo que asegure la buena alimentación, el trabajo y la vivienda para todas y todos.

Pero Julia nos cuenta que a esta gran lucha nacional la acompañan otras cotidianas, que siguen marcando la vida de las mujeres. “La primera lucha que tenemos las mujeres que estamos en organizaciones campesinas está dentro de la casa, a los maridos no les gusta que salgamos y quieren que se haga lo que ellos dicen. Hay conflicto y hasta separaciones, porque las mujeres militantes muchas veces tratan de educar a los hijos e hijas con valores nuevos, que confrontan a los esposos.”

De confrontación y valores nuevos, de compromiso y transformación, de lucha sin fin por la tierra, la equidad y la justicia. Así es Paraguay, la tierra de Julia.

Más información:

El trabajo de Oxfam en Paraguay

Paraguay: campesinos sin tierra, tierra sin campesinos

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