Laila Begum vive en una orilla llena de lodo del rÃo gigante Jamuna en Bangladesh. Se mudó a esta orilla en particular en 1998 cuando perdió su casa en una gran inundación. La orilla cenagosa se está erosionando constantemente por lo que su familia está obligada a ir desplazando su casa. Hasta el momento la han levantado y vuelto a plantar 25 veces.
Laila es sólo una de los millones de bengalesÃes que están viviendo en las vastas áreas de deltas en tiempo de descuento. Se encuentran en situación de riesgo tanto por culpa del deshielo del Himalaya en el norte como por el aumento del nivel del mar en el sur. Su futuro es precario entre los más pobres y marginados del paÃs.Laila y su comunidad están sufriendo ya los cambios de patrón de las estaciones, que cada vez son más y más difÃciles de predecir."Hace 20 o 30 años a partir de la temperatura del agua y de la dirección del viento podÃamos saber si iba a producirse una inundaciónâ€, dice Laila. “Antes era época de las inundaciones del monzón en julio o agosto, pero ahora las lluvias continúan hasta octubre. Esto crea problemas como por ejemplo cuándo deberÃamos plantar nuestras cosechas... Y hay más tormentas, más truenos y relámpagos.†Laila y su familia han desarrollado estrategias de supervivencia ayudados por una organización local que cuenta con el apoyo de Oxfam. "Sabemos lo que tenemos que hacer si hay una inundación,†explica ella. “Vamos a casa de nuestros familiares, o a refugios donde hay reservas de comida, palos de bambú, jabón y cosas asÃ. Si necesitamos ser rescatados podemos utilizar botes de aquà o llamar al MMS (la organización local) para que envÃe un bote de rescate. Nos han dado teléfonos móviles para que podamos llamar. Nuestra primera prioridad son los animales. Los embarcamos a ellos, luego a nosotros y después nuestros utensilios de cocina. No dejaremos nuestras casas hasta que el agua nos llegue al hombro.â€La organización local con la que trabaja Oxfam ayuda a los que viven en la orilla a sobrellevar las frecuentes inundaciones levantando granjas, enseñando habilidades y salud pública, diversificando los cultivos, proporcionando almacenes de emergencia, botes de rescate, teléfonos móviles y radios para poder alertarlos con tiempo. Es un trabajo importante, pero si las predicciones de cambio climático se cumplen se necesitará repetir este trabajo a escala masiva para millones más como parte de un esfuerzo de adaptación masivo. Las agencias de desarrollo están impresionadas de la resistencia de la gente local. Laila está esperando que su trozo de tierra emerja del agua, lo que ella cree que puede pasar dentro de poco.“Si mi tierra aparece del agua, volveré a ella. Quizá podamos mudarnos allà el próximo año o al siguiente. Si el lugar se erosiona nos mudaremos a otro y vuelta a empezar otra vez. No tenemos miedo; estamos acostumbrados a ello, a la mudanza. Hemos desarrollado estrategias de supervivencia... pero ello definitivamente aumenta nuestro sufrimiento. “