Millones de personas mueren, padecen enfermedades o no pueden acudir a la escuela por falta de maestros, enfermeros y médicos en los países pobres. Algunos países pobres han duplicado el gasto público en salud y educación desde el año 2000 pero siguen sin poder pagar a estos trabajadores y por tanto siguen dependiendo de la ayuda. Y esa ayuda no está llegando a las personas pobres: tan sólo 8 céntimos de cada dólar de ayuda se invierten en planes nacionales que abarcan la formación y los sueldos de maestros y trabajadores sanitarios. Se necesitan dos millones de maestros y 4,25 millones de trabajadores sanitarios más si se ha de hacer realidad la salud y la educación para todos. Los donantes deben cambiar la manera en que aportan fondos, con compromisos a largo plazo en apoyo a planes nacionales.
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