Voces de Afganistán

women afghanistan

A lo largo de los trece años desde la caída del régimen talibán, se han logrado grandes avances para las mujeres afganas.

Casi cuatro millones de niñas están escolarizadas –la cifra más elevada de la historia de Afganistán– y las mujeres, especialmente las que viven en áreas urbanas, trabajan como agentes de policía, pilotos, políticas, juezas y gobernadoras, entre otros oficios.

Sin embargo, muchas continúan viviendo en una situación de gran vulnerabilidad y aún queda mucho por hacer para protegerlas, tanto a ellas como a sus derechos.

Khushbu, 21 años

khushbu afghan woman

Mi primer recuerdo es de la guerra. Recuerdo el sonido de un cohete y luego el de las ventanas al romperse. Fui a la escuela hasta los 18 años. Mi graduación, sostener el diploma en la mano, es mi recuerdo más feliz. Quería haber ido a la universidad, pero aquí no hay universidades y Kabul está demasiado lejos para ir todos los días. Mi hermano tampoco puede pagar las tasas. Y, de todas formas, si fuese todos los días a Kabul yo sola los vecinos pensarían que soy una inmoral. 

Quiero trabajar. De verdad quiero, y mi familia me deja, así que ayudo a otras mujeres de nuestro pueblo a aprender a leer y escribir. Me gustaría ser matrona, pero sé que nunca lo lograré porque no puedo continuar mis estudios. Mi madre sufrió mucho, por eso me da miedo que las cosas vuelvan a ser como antes. No quiero pasar por lo mismo. 

Kubra Serai Ghazni, 45 años

kubra-serai-ghazni afghan mother and daughter

Cuando era pequeña, durante la guerra civil, solía soñar que aprendía cosas porque no se nos estaba permitido ir a la escuela. No haber recibido una educación me duele. Ahora, mi hija va a la escuela y quiere ser médica. 

Durante el régimen talibán solía tejer bufandas y hacer collares de cuentas para vender y ganaba unos cien afganis (dos dólares) al mes. Con tan poco, sobrevivir es casi imposible, pero lo logramos. Cuando el régimen cayó, mi marido consiguió trabajo en una panadería y ganaba esa cantidad al día. Pero las cosas comenzaron a cambiar de verdad a los tres o cuatro años. Yo ahora tengo mi propio taller de costura, gano unos 120 dólares al mes y doy empleo a otras 60 mujeres para poder satisfacer la demanda. Ahora, la vida es mejor.

Rangina Karga, 29 años

rangina karga afghan woman

Soy la miembro más joven del Parlamento y estoy estudiando para obtener un título de máster. 

(…) La vida para las mujeres ha cambiado. Ahora hay mujeres –de mucho talento– en el Parlamento y leyes que benefician a las mujeres. Es importante que se escuchen nuestras voces. Después de todo, las mujeres, los niños y las niñas son las personas más vulnerables y las que más resultan afectadas en las guerras y, si ahora se les ignora, la vida volverá a ser como antes. (…) El número de hombres en el Parlamento aún es muy superior al de mujeres y, a veces, si no están de acuerdo con algo, nos abuchean. 

Hace poco, un miembro del Parlamento amenazó a una de mis compañeras. Le dijo: "He matado a cientos de hombres a lo largo de mi vida. ¿Qué me va a impedir matarte a ti?". Y nosotras no podemos hacer nada cuando la gente nos dice cosas como esa. Pero debemos luchar y seguir siendo activas para ayudar a aquellas mujeres que viven en provincias y ni siquiera saben que tienen derechos, a las que solo se les permite trabajar para su familia. Esas son las mujeres que necesitan nuestra ayuda.

Saraya, 35 años (aproximadamente)

saraya afghan woman

No sé cuántos años tenía cuando me casé. En cuanto nos casamos, mi marido me llevó a Pakistán. Cuando volvimos después del régimen talibán, fue muy duro. Nuestra casa había sido destruida y no teníamos dónde refugiarnos. (…) Mi marido es jornalero y gana unos 300 afganis (seis dólares) al día. Es un hombre violento y a veces nos pega a mi cuñada y a mí. A veces, hasta diez veces al día. Otros días está bien. Pero nunca sabes cuándo puede pasar... Mis hijos van al colegio, pero no podemos permitirnos ni papel ni bolígrafos para ellos. Me encantaría trabajar, pero no sé leer ni escribir y con ocho hijos, no tengo tiempo. Pero espero que, algún día, ellos sean profesores o médicos y tengan una vida mejor.

Storai Stanakzai, 22 años

stanakzai afghan woman

Soy artista contemporánea y trabajo diseñando joyas. Mi familia siempre me ha animado (...), pero no es fácil trabajar en el mundo del arte si eres mujer. Tengo una página con mis diseños en Facebook, pero la gente ha empezado a colgar imágenes ofensivas y mensajes diciendo que mi trabajo va contra el Islam. Un chico con el que estudié y que es muy religioso no para de hacerlo. Incluso llegó a decirle a una de mis amigas que me echaría ácido a la cara. Camino por la ciudad sola todo el tiempo, sin nadie que me proteja, y la gente me dice tonterías y me insulta, pero de verdad que no me importa. De verdad. No es culpa suya. Han vivido en guerra toda su vida. (…) Sé que puedo conseguirlo y lo haré. 

Para que las mujeres tengamos éxito, tenemos que dar pasos pequeños. Por ejemplo, no creo que llevar burka sea algo opresivo. Pero que te digan que bajes la voz o que no tengas opiniones, eso sí es opresivo. Aquí, se espera que las mujeres se casen a los 18 años y su vida acaba ahí. Solo pueden tener hijos y ocuparse de la casa. Yo creo que debes cumplir tus sueños y la gente debe dejar que los tengas. No puedes dejar que la gente acabe con tus sueños.

Colonel Jamila Bayaz

colonel jamila bayaz afghan woman

Siempre quise ser policía y seguir los pasos de mi padre. Tras graduarme, trabajé en el departamento de investigaciones criminales, pero entonces llegó la guerra civil y, luego, el régimen talibán. Entonces, las mujeres debíamos quedarnos en casa o exponernos a sufrir palizas. Nos robaron nuestras vidas. 

Cuando el régimen talibán cayó, el país estaba al borde del desastre, pero en cuanto pude volví a mi trabajo como policía. Es un trabajo duro, especialmente porque la mayoría de las personas piensa que las mujeres no deberían trabajar, y menos hacer un trabajo de hombres. Las mujeres como yo sufrimos amenazas diarias, incluso de nuestros compañeros policías que han tratado de ponernos las cosas muy difíciles. Incluso, hasta hace poco, en las comisarías de policía, las mujeres policía ni siquiera teníamos nuestro propio baño o vestuario. Pero, como hijas de este país, es nuestro deber luchar contra tal ignorancia. 

Sajida, 35 años

sajida afghan woman

Cuando tenía 10 años me casaron con un hombre de 50 años. Mis padres murieron en la guerra civil y mi hermana nos cuidó, pero cuando se casó, pasé a ser propiedad de mi hermano. Luchaba con los muyahidines y tenía una enorme deuda de juego así que me vendió a mi marido, que también era muyahidín. (…) No podía oponerme a mi hermano. Le pertenecía. Hasta los 14 años, mi marido me trató como si fuera su hija. Pero, entonces, me convertí en mujer y me quedé embarazada. Entonces los talibán estaban en el poder y perdí al bebé, y al siguiente, porque no podía acudir al hospital sola. Ahora tengo dos hijos, que es suficiente. 

Cuando los talibanes cayeron, pensé que la vida mejoraría, pero no ha sido así. A veces trabajo como limpiadora y gano unos cien afganis al día, pero no es bastante. Les debo a mis vecinos unos 300 dólares que me han prestado para pagar el alquiler de esta casa, que cuesta 30 dólares al mes. Mi marido necesita cuidados médicos y yo tengo un dolor de cabeza que me dura días, pero no hay dinero para medicinas. Nunca he sido feliz, pero quiero que mis hijos crezcan y tengan éxito para que así me puedan cuidar y podamos vivir en nuestra propia casa. 

Ijamal

ijamal afghan woman

En algunas familias, cuando te casas, la familia de tu marido paga mucho dinero por ti, así que te tratan como si fueras una esclava. (…) El desempleo y el analfabetismo son los motivos por los que las mujeres tratan a sus nueras tan mal: es lo único que han conocido, lo que han aprendido de sus suegras. Es un círculo vicioso. 

No tengo hijas y siempre he querido una. Cuando mis hijos se casen, trataré a mis nueras como si fuesen mis propias hijas y seré buena con ellas.

He vivido muchos cambios en mi vida. Ahora trabajo con una organización que me ha enseñado cuáles son mis derechos. Solía ser tímida. Hace trece años, si tenía un problema, lloraba escondida en una esquina. Ahora que conozco mis derechos, puedo ayudar a otras mujeres a tener una vida mejor. A una chica a la que ayudé le casaron con 14 años. Cuando su marido se marchó a Pakistán, su madre le echó de casa. Le ayudé a conseguir el divorcio con ayuda del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y ahora está casada con un buen hombre y es una buena madre. 

Fotos: Lalage Snow/Oxfam