Colombia: De cómo se expresan las desigualdades y violencias en los cuerpos de las mujeres

Foto: Mathieu Etienne Gagnon / Oxfam
Foto: Mathieu Etienne Gagnon / Oxfam

“Hasta 2014, unos 167 millones de personas latinoamericanas se encontraban en situación de pobreza, lo que supone representa el 28% del total de la población. De ese universo de pobres, unos 71 millones, el 12% del total, padecía indigencia, es decir, carecía de ingresos suficientes para comprar la comida básica.” (CEPAL

Los actuales sistemas económicos, sociales y políticos globales alimentan un continuo de desigualdad y violencia. En América Latina y el Caribe, como en casi todo el planeta, enormes contingentes de población siguen enfrentando a diario la imposibilidad de resolver sus necesidades básicas y la amenaza del desarraigo, el despojo, la migración forzada, el desplazamiento y hasta la muerte. Su relación con los mercados se mantiene a través de precarias relaciones de trabajo y explotación, y sus vidas se gobiernan desde poderes que orquestan las elites políticas, económicas y partidarias en sintonía con invisibles corporaciones y organizaciones paraestatales. La acumulación por desposesión de tierras, territorios, recursos naturales y derechos humanos ha modificado los equilibrios de la naturaleza, y las hambrunas y las crisis cíclicas se suceden, amenazando y debilitando las capacidades de afrontamiento de las comunidades y las personas que en ellas habitan.  

Las mujeres y las niñas son las que más sufren la violencia

En esta grave situación es prioritario seguir insistiendo en que las mujeres y las niñas, más de la mitad de la población de América Latina y el Caribe, siguen sobreviviendo además en específicas condiciones de subordinación y opresión. Para ellas la desigualdad y la violencia tiene más caras, daños y razones. Se trata de que además del miedo a ser expulsadas y despojadas de sus tierras y violentadas además por otros desconocidos, enfrenten el miedo a que sus propios compañeros de comunidad y vida las agredan y maten. Son las que sufren el valor expresivo de la violencia, de forma que, con sus cuerpos muertos, golpeados, violados, mutilados y desmembrados, se convierten en expresiones simbólicas del control de unos hombres sobre otros y de su enorme poder en negocios y territorios. Son las mujeres como arma de guerra de Colombia y son las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, por ejemplo. Sin embargo, son realidades que suelen repetirse en otros contextos. 

Las mujeres rurales doblemente perjudicadas

Se trata de la violencia que siguen enfrentando las mujeres rurales, de zonas urbano —marginales—  afrodescendientes e indígenas, con el abuso y la deshumanización que el legado de la “colonialidad” del género ha normalizado, y que sigue expresándose en el continuo racismo y la exclusión de sus derechos humanos más básicos. Además, se trata de la violencia que sufren aquellas que defienden los derechos de otras y que por su condición de defensoras y/o feministas sufren doblemente las violencias de los grupos de poder. Se encarna en los cuerpos de las lesbianas, que enfrentan la violencia por desafiar el mandato de la heterosexualidad obligatoria, y de las mujeres trans quienes son asesinadas por su transgresión de las normas del género.

También lo son las niñas y adolescentes obligadas a ser madres, cuya maternidad es en la inmensa mayoría de los casos fruto de la violación de hombres, vecinos y amigos del propio entorno familiar y escolar, que aparentemente son leídos por la sociedad como garantes de su protección y seguridad. Asimismo, lo son las mujeres que sin derecho a decidir sobre sus propios cuerpos mueren por abortos inseguros o enfrentan condenas de prisión de más de 30 años por abortos espontáneos, ante el doble discurso de gobiernos e iglesias que se muestran como protectores de sus derechos.  

Se trata de la violencia que significa sufrir los golpes y el maltrato psicológico, sexual y patrimonial de quien se erige en dueño y amo, y amparado por los imaginarios sociales del amor romántico, pone en peligro sus vidas, amenaza a sus hijos e hijas y con total impunidad las asesina. Y se trata de los Estados y sus órganos legislativos, jurídicos y ejecutivos que actúan impregnados de criterios discriminatorios de género, mientras siguen sin actuar con la debida diligencia, y, por el contrario, defienden conciliaciones y mediaciones frente a mensajes claros de repudio y condena, y de justicia y reparación.

Finalmente, se trata de las mujeres que con sus trabajos de cuidados siguen garantizando la sostenibilidad de todas las vidas humanas que este sistema patriarcal, capitalista e inhumano desatiende y violenta en América Latina, y donde la “invisibilización” del trabajo y valor de las mujeres opera como pilar básico donde se sustentan las lógicas de poder y la perpetuación de las violencias y las sociedades violentas.

América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo

Frente a estas situaciones de múltiples violencias y desigualdades que se viven y siguen acumulando en la región más desigual y violenta del planeta, que se inscriben y normalizan en los cuerpos de las mujeres y las niñas generación tras generación, desde Oxfam, sentimos la necesidad de comprender mejor lo que está sucediendo y preguntarnos: ¿Qué podemos hacer para transformar el continuo de la desigualdad y la violencia contra las mujeres y las niñas en América Latina y el Caribe?, ¿Cómo incidir en imaginarios que reproducen y naturalizan la violencia?, ¿Qué estrategias pueden ser más efectivas?

Grupo de Derechos de las Mujeres y la Justicia de Género de Oxfam de LAC

En el Grupo de Derechos de las Mujeres y la Justicia de Género de Oxfam de LAC valoramos la importancia de repensar e incidir en las narrativas e imaginarios que explican, conectan, sostienen y multiplican las violencias. Y pensamos que la mejor forma de hacerlo es a partir del debate y el encuentro con organizaciones y redes de mujeres y feministas, que desde sus acumulados organizativos, teóricos y activistas poseen el mejor conocimiento y experiencia en plantear el problema y poner en marcha alternativas de solución y transformación.

Por todo ello estamos organizando y convocando a organizaciones, redes, investigadoras y periodistas a la Jornada regional “Resistencias frente a las desigualdades y las violencias en los cuerpos de las mujeres de América Latina y el Caribe”, que se celebrará los días 29 y 30 de marzo del 2016 en la ciudad de Medellín, Colombia.