Rumbo a Italia: la historia de Fatem y Khalil

“Jamás imaginé que terminaríamos viviendo en Italia. Pensaba que la guerra en Siria duraría dos o tres años pero la situación no hace más que empeorar”, explica Khalil. Fotos: Pablo Tosco/Oxfam
“Jamás imaginé que terminaríamos viviendo en Italia. Pensaba que la guerra en Siria duraría dos o tres años pero la situación no hace más que empeorar”, explica Khalil. Fotos: Pablo Tosco/Oxfam

La historia de esta familia no es habitual. Lamentablemente, la mayoría de refugiados sirios que han llegado a Europa han recurrido a vías ilegales y peligrosas. La guerra en su país y la Europa fortaleza no les han dado otras opciones. Aquí os contamos una excepción. Un cuento sirio diferente que muestra que hay otras formas de acoger a quienes huyen de la guerra.

Siria: el inicio de todo

Fatem, una joven siria menuda y de ojos brillantes, recuerda perfectamente el miedo que sintió cuando empezó la guerra en Raqqa, su ciudad. Todavía ahora se estremece solo de pensarlo. “Vivíamos en el corazón del conflicto. Cada día nos dábamos las buenas noches pensando que podía ser un adiós”, relata.

Debido a los enfrentamientos, su marido Khalil, un hombre delgado y de mirada dulce, no podía ir al campo a trabajar y era difícil traer dinero a casa. Además, estaban esperando su primer hijo y no podían ir al médico para los controles. Había cortes de agua y luz y escasez en las tiendas. La gota que colmó el vaso llegó cuando nació Ahmed y no encontraban leche para alimentarlo. "Fue entonces cuando vimos que no podíamos seguir en Siria”, sentencia Khalil que decidió viajar a Líbano para encontrar trabajo y vivienda, y poder luego traerse a la familia.

Lo único de valor que llevaba en la maleta fue un álbum de fotos. Allí están sus días felices en Siria.

Lo único de valor que llevaba en la maleta fue un álbum de fotos. Allí están sus días felices en Siria. El día de su boda, sus padres, la bonita casa donde vivían, las tierras donde él trabajaba.

Líbano: la primera parada

El día que Khalil llegó a Líbano tuvo que dormir en la calle. Fue como una premonición. Un aviso claro de que nada en el país vecino iba a ser sencillo.

Dicen que en Líbano un refugiado no vive, malvive. Y así ha sido para esta familia durante los cuatro años que han estado viviendo en este país. Con la tasa de refugiados por cápita más alta del mundo, y un 70% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, las oportunidades para ganarse la vida han sido muy escasas. Khalil ha hecho de electricista, de fontanero, de pintor, pero más de una vez ha tenido que pedir dinero prestado para alimentar a su familia que ha crecido con la llegada del pequeño Mohamed, que ahora tiene 1 año.

Su hogar ha sido una minúscula, húmeda y oscura habitación en un asentamiento de Mount Lebanon, a una hora de Beirut. “Aquí, el alquiler es más bajo que en la capital”, dicen sentados en la cama de matrimonio, que comparte el unos pocos metros cuadrados con un sofá, una mesita y el televisor. “Al principio, el suelo era de tierra y había goteras en el techo. El propietario no quería arreglarlo”. Además, la cocina está en el patio, donde hace mucho frío en invierno, especialmente cuando hay un metro y medio de nieve.

En ese entorno, los niños se han puesto enfermos a menudo. Y Fatem ha desarrollado una especie de alergia, con ataques de tos y vómitos. “En esta habitación me ahogo”, explica.

La promesa de una nueva vida

Khalil movió cielo y tierra hasta dar con las personas que podían facilitarles el pasaje hacia una vida mejor. Foto: Pablo Tosco/OxfamUn día, Khalil se enteró de que existía la posibilidad de viajar a Italia con un visado humanitario, es decir, de una forma segura y legal. Y movió cielo y tierra hasta dar con las personas que podían facilitarles el pasaje hacia una vida mejor.

Así fue cómo conocieron a las organizaciones italianas que han impulsado el corredor humanitario, un proyecto único en Europa, en el que también trabaja Oxfam,  que nació con el objetivo de evitar las muertes en el mar y el tráfico de personas. El Gobierno italiano ha aceptado acoger por esta vía a 1.000 personas refugiadas vulnerables en dos años. Son pocas si tenemos en cuenta que solo el conflicto sirio ha provocado 5 millones de refugiados, pero las entidades impulsoras aseguran que lo importante no es el número de personas sino demostrar que se pueden salvar vidas si hay voluntad política.

Al principio, Fatem estaba escéptica. Pensaba que no los escogerían para viajar a Italia. Pero después de unas cuantas entrevistas fueron seleccionados.

La despedida

Fatem espera con su familia en el aeropuerto de Beirut. Foto: Pablo Tosco/OxfamLa noche antes de coger el avión, ni Khalil ni Fatem lograron dormir. Y los dos soltaron alguna lágrima cuando llegó la hora de despedirse. Estaban felices. Hacía meses que tachaban los días en el calendario y que las maletas esperaban hechas en un rincón de su pequeño hogar. Pero también estaban tristes.

Atrás dejaban a toda la gente con la que habían compartido esos cuatro años: la familia de su prima, que les acogió el primer mes y compartió con ellos lo poco que tenían, y los vecinos, la mayoría sirios como ellos que habían emigrado a Líbano.

Pero sobre todo se alejaban un poco más de su querida Siria, el país que ahora veían a través de la ventana, y que pronto estaría a miles de kilómetros de distancia. Este viaje les enviaba terriblemente lejos de los suyos, de sus costumbres, sus paisajes, su comida, en una especie de trayecto con difícil retorno.

Un jarro de agua fría

Khalil en dirección a su nuevo hogar, una vida digna y nos solo de refugio en Cecina, Toscana. Foto: Pablo Tosco/OxfamEl viaje hasta destino dura 24 horas. Empieza a las 4h de la madrugada en Beirut y termina en la ciudad de Cecina a las 17h de la tarde, en un entorno de ensueño en medio de la Toscana. Durante el trayecto en bus desde Roma hasta su nuevo hogar descubren que tendrán que compartir piso con otra familia de refugiados sirios, formada por un matrimonio, una niña de 5 años y un bebé de 16 días. Esta noticia les deja perplejos. Es como un jarro de agua fría, donde el cansancio acumulado no ayuda.

Un miembro de Oxfam les explica que es una medida temporal, hasta que encuentren otro piso. Más tarde nos revelará que no será tarea fácil: "Aquí la gente no quiere alquilar casas a refugiados; y si lo hace, duplica el precio".

Italia: final de trayecto

Por suerte, la llegada tiene otras cosas buenas. Dos jóvenes italianas, asistentes sociales de Oxfam Intermón, les reciben cálidamente y les acompañan hasta su nuevo hogar: un luminoso piso con jardín, un amplio comedor con cocina equipada, tres habitaciones, calefacción, lavadora y televisión.

Con la ayuda de una traductora marroquí, les cuentan cómo funcionarán las cosas durante los primeros meses. Les cuentan que cada mes recibirán un dinero para comprar comida, medicinas u otras necesidades básicas. Que en breve les pondrán wifi y podrán comunicarse con sus familiares. Y que tendrán clases de italiano en casa para que no tengan que dejar a los niños. Además, les ayudarán a realizar la solicitud de asilo y a buscar trabajo. El objetivo es que al cabo de seis meses puedan empezar a ser independientes.

Khalid y Fatem delante de su nueva vivienda en Cecina, Italia. Foto: Pablo Tosco/Oxfam“Jamás imaginé que terminaríamos viviendo en Italia. Pensaba que la guerra duraría dos o tres años pero la situación no hace más que empeorar”, reflexiona Khalil que solo llegar a su nueva casa conecta con un canal de Arabia Saudí para seguir de cerca la actualidad en su país. “Espero que los europeos no piensen que somos terroristas o extremistas. Estamos aquí justamente porque huimos de ellos”, añade. “Queremos un futuro para nuestros hijos. Por ello estamos dispuestos a aprender una nueva lengua y a adaptarnos a otras costumbres. Si hace falta yo también trabajaré”, completa Fatem.

Cuando nos despedimos de ellos les preguntamos si les gustaría volver a Siria cuando termine la guerra. Si querrían que este cuento terminara donde empezó todo. “Claro que volveremos”, dice ella sin dudar un minuto. “Pero si pasa mucho tiempo, y mis hijos están bien aquí, solo volveremos de visita. La estabilidad de nuestra familia es lo primero”.

Proyecto "Corredor Humanitario"

Oxfam se ha sumado a un programa para ayudar a refugiados y refugiadas sirios a encontrar refugio en Europaa través de una ruta legal y segura, sin tener que arriesgar sus vidas en el mar o en peligrosos desplazamientos por tierra.

Esta iniciativa es un ejemplo único en Europa ya que se trata de un proyecto promovido por  la sociedad civil y apoyado por un Gobierno de la Unión Europea. Su intención es ayudar durante 2017 a 500 personas que actualmente están ubicadas en tres países de tránsito: Líbano, Marruecos y Etiopía.

Ayúdanos a llegar a más personas refugiadas bloqueadas en el Líbano y otros países.