África Occidental: el drama de una crisis olvidada

Conflict in the Lake Chad Basin is pushing communities into dangerous levels of food insecurity and malnutrition, particularly among children.
Conflict in the Lake Chad Basin is pushing communities into dangerous levels of food insecurity and malnutrition, particularly among children.

El conflicto actual con Boko Haram en la región de la cuenca del lago Chad, en África Occidental, ha forzado a más de 2.6 millones de personas a huir de la aterradora violencia que sacude a Nigeria, Níger y Chad, la cual ha interrumpido el sustento y los servicios básicos, y ha causado, además, la destrucción de la infraestructura vital.

El número de personas desplazadas en las áreas más afectadas se ha triplicado durante los últimos dos años. Son personas que se mueven de un lugar a otro en cuestión de meses, ya que temen por su seguridad.

La mayoría de las familias desplazadas encuentran cobijo en comunidades que se cuentan entre las más pobres del mundo. Viven en asentamientos informales que carecen de servicios básicos como agua y saneamiento.

Después de haberse quedado sin casa, sin pertenencias y sin vida, miles de mujeres, hombres, niñas y niños viven ahora en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Desnutrición infantil

El conflicto en la cuenca del lago Chad está obligando a las comunidades a enfrentarse a la inseguridad alimentaria y a la desnutrición, altamente preocupante entre los niños. Las reservas alimentarias domésticas se han agotado, la gente tiene poco acceso a los mercados y la subida de los precios de los alimentos hace complicado poder llenar la canasta. En la región noreste de Nigeria, más de 1 millón de personas están a solo un paso de la hambruna.

Amina, de 20 años, sostiene a su hijo enfermo en brazos.

Amina*, de 20 años, sostiene a su hijo enfermo en brazos. Tiene  fiebre y diarrea, y le están atendiendo en una clínica para personas desplazadas de Banki porque sufre  desnutrición.  Todo el personal que trabaja aquí son personas desplazadas internamente (IDP por sus siglas en inglés), que han recibido formación para tratar a miembros de su propia comunidad. La mayor parte de la ciudad está abandonada.

Como resultado de las operaciones militares contra Boko Haram, las comunidades han sido reubicadas de sus casas a áreas que carecen de los servicios básicos, donde no hay trabajo ni medios de subsistencia. Las personas en el campamento de Banki son vecinos de localidades cercanas que fueron ocupadas en su momento por Boko Haram, nigerianos y chadianos que han vivido en Nigeria durante mucho tiempo y han quedado atrapados en el conflicto. Actualmente viven aquí entre 15.000 a 32.000 personas bajo la supervisión del ejército y con limitada asistencia humanitaria.

Enfermedades transmitidas por el agua

Hwaida, de 10 años, hace cola para recoger agua en el campamento de Banki.

Hwaida*, de 10 años, hace cola para recoger agua en el campamento de Banki. Dice que ha estado esperando toda la mañana y pero que normalmente espera al menos dos horas al día para que le den agua.

El conflicto ha hecho aumentar la pobreza y la vulnerabilidad de la población, que carece de los recursos necesarios para   abordar una crisis de tal magnitud. El conflicto ha acabado con pueblos enteros, caminos, recursos hídricos, instalaciones médicas y escuelas.

Y después hay el problema del agua. Con la llegada de la temporada de lluvias, el  el riesgo de que surjan brotes de enfermedades transmitidas por el agua como el cólera, es alto. Los niños mueren a menudo por una simple diarrea o por enfermedades relacionados con el consumo de agua no potable. 

Madres solteras abandonadas

Kadija, de 18 años, sostiene a su bebé en una casa en Maiduguri, Nigeria.

Kadija*, de 18 años, sostiene a su bebé en una casa en Maiduguri, Nigeria.

Kadija fue secuestrada por Boko Haram y forzada a casarse con un combatiente, de quien tuvo un hijo. Como ex esposa de un combatiente de Boko Haram, tanto Kadija como su hijo sufren el rechazo y la estigmatización por parte de su comunidad, ya que les ven como portadores de "mala sangre".  Kadija vive actualmente en un campamento para gente desplazada porque su padre la ha repudiado. Los soldados Boko Haram se la llevaron al monte donde dio a luz sin ningún tipo de asistencia médica. Pasado un tiempo y después de cerciorarse de que el bebé estaba lo suficientemente fuerte, se escapó.

Poco tiempo después el ejército nigeriano la detuvo. Según nos cuenta: "Me retuvieron junto con otras mujeres que también fueron obligadas a casarse . Fuimos torturadas y deshumanizadas por los militares. Nos llamaban esposas de Boko Haram y pasamos un mes detenidas. Fue una experiencia horrible. Luego me liberaron".

Familias separadas

Además de los 2.6 millones de personas desplazadas, se calcula que otros 2.2 millones - más de la mitad son menores - viven en áreas controladas por Boko Haram y necesitan asistencia humanitaria.

Bintu, de 30 años y originaria de Soya, población cercana a la ciudad de Bama, sostiene la tarjeta de identificación de su marido.

Bintu*, de 30 años y originaria de Soya, población cercana a la ciudad de Bama, sostiene la tarjeta de identificación de su marido dentro de un albergue en un campamento para personas desplazadas en Maiduguri, en el Estado de Borno, al noreste de Nigeria.

El marido de Bintu permaneció escondido bajo su cama durante 25 días, por miedo a ser llevado por Boko Haram. Fueron a su casa preguntando por él numerosas veces. Una noche se escabulló para caminar hasta Maiduguri, pero lo atraparon. Bintu no sabe si está vivo o muerto.

Agricultores sin medios de vida

Hassan, de 35 años y padre de seis, con sus hijos en el campo que renta en las afueras de Maiduguri, Nigeria.

Hassan*, de 35 años y padre de seis, con sus hijos en el campo que renta en las afueras de Maiduguri, Nigeria.

Hassan era un próspero agricultor antes de que el miedo por la violencia causada por Boko Haram lo forzara a huir de su pueblo. Ahora tiene que trabajar como jornalero para poder traer algo de comida a su familia. Hassan cuenta: "Tengo que alimentar a mis seis hijos, a mi esposa, a mi abuela y a dos nietos. ¿Cuántos días nos durará [esta comida]? Simplemente no va a ser suficiente".

"Teníamos tanto miedo que, incluso si teníamos alimentos, no nos podíamos comer lo que había en la mesa. Fue terrible. Ni siquiera podíamos ir a la granja. Si lo hubiéramos hecho, Boko Haram habría llegado en motos y nos hubiera matado o raptado. Tuvimos que abandonar nuestra granja y nuestro ganado, y huir a la ciudad. Antes de los ataques de Boko Haram, yo tenía una granja más grande, pero ahora me da miedo ir a labrar. Quizás el año que viene".

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Fotos: Sam Tarling/Oxfam

* los nombres de los testimonios se han cambiado para preservar su identidad.