El Salvador, una lucha por sobrevivir a El Niño

“Lo perdimos todo" dice Rosa Yaneth Chávez. “Nos fuimos a la cama sin comer. No podíamos dormir pensando en qué ibas a dar a tus hijos de comer." Foto: James Rodríguez / Oxfam América
“Lo perdimos todo" dice Rosa Yaneth Chávez. “Nos fuimos a la cama sin comer. No podíamos dormir pensando en qué ibas a dar a tus hijos de comer." Foto: James Rodríguez / Oxfam América

En América Central, para sustentar a una familia en la pobreza tienes que ser fuerte, porque los reveses suelen golpear fuerte y rápido. Las amenazas naturales, como terremotos y huracanes, suponen un riesgo mortal, y la violencia y la inseguridad tienen un alto precio en las comunidades pobres. Sin embargo, desde 2012, los sucesivos años de sequías, junto a la propagación de un hongo que ha devastado las plantaciones de café, han acabado doblegando la economía rural y ha habido momentos en los que incluso las familias más resistentes han caído en la desesperación.

La crisis se intensificó en 2015, cuando el fenómeno climático de El Niño empeoró y se convirtió en uno de los más fuertes de las últimas décadas. Muchos agricultores perdieron sus cultivos de maíz y frijoles, lo cual les dejó sin alimentos, dinero en efectivo o medios para invertir en la siguiente temporada de cultivo. En algunos casos, ni siquiera tienen ya una fuente asequible de agua.
"Ahora, incluso si el clima fuese bueno", asegura José Martínez, de la comunidad salvadoreña de Cerna, "no seríamos capaces de plantar un campo de maíz, ya que no disponemos de los recursos".

Días hambrientos y noches en vela 

Para los progenitores, los esfuerzos por llevar comida a la mesa están siendo sumamente dolorosos.

Rosa Yaneth Chávez, madre de seis hijos que vive cerca de la ciudad salvadoreña de Berlín, describe las penurias que sufrieron en 2015: "Lo perdimos todo", comenta. "A veces comimos dos veces al día; otras, una. Nos fuimos a la cama sin cenar. No puedes ni dormir pensando en lo que vas a dar de comer a tu familia. Mis hijos se enfermaron por la desnutrición".

América López Henríquez, madre viuda de cuatro hijos que vive en las cercanías de San Juan Loma Alta, está segura de que sus hijos también están sufriendo desnutrición. Levanta la camisa de uno de sus hijos para revelar las manchas marrones en todo el vientre. "Ha tenido dolores de cabeza, fiebre y una erupción", comenta.

"La crisis ha obligado a las madres a enviar a la escuela a niños muy pequeños porque no tienen nada que comer en casa", dice Yesenia Guerrero, promotora de salud para Provida, organización local apoyada por Oxfam. Allí, comenta, "podían recibir un vaso de leche y un poco de arroz y frijoles. Sin embargo, las escuelas se quedaron sin comida mucho antes de finales de año".

En septiembre llegaron las lluvias, pero fueron inusualmente fuertes y en algunas zonas ocasionaron graves daños en la segunda cosecha del año.

Los recursos de Henríquez se agotaron. "Plantamos unos pocos frijoles", comenta, "pero llovió demasiado y ahora se están pudriendo".

Un salvavidas tras el fracaso de la cosecha

Sin embargo, por primera vez ese año, Chávez y Henríquez y muchas otras madres como ellas tuvieron un respiro ante tantas dificultades: Provida lanzó un programa de vales de emergencia para ayudar a que 500 familias extremadamente vulnerables de El Salvador comprasen alimentos y productos de higiene básicos. Durante tres meses consecutivos, pudieron comprar lo necesario en un pequeño supermercado local.

Henríquez recibió vales por valor de 78 USD al mes, en función de los miembros de su familia, y con ellos compró frijoles, maíz, aceite, azúcar, leche, pan, jabón y pasta de dientes.

Entre los suministros de Chávez se incluyeron cereales. "Mis hijos tienen que caminar una hora y media para llegar a la escuela. Antes de este programa, tenían que hacerlo sin nada en el estómago". Los vales, comenta, han sido de gran ayuda. "Estamos inmensamente agradecidos. Todas las familias lo están".

En busca de soluciones

Los fondos para los vales se han agotado, aunque la decepcionante segunda cosecha implica que, para muchos, la crisis continúa. Karen Ramírez, supervisora del programa para Provida, está discutiendo el futuro con la población de las comunidades más afectadas. Las necesidades inmediatas son urgentes, pero también lo son las necesidades a más largo plazo, a fin de que las comunidades puedan recuperarse ante los trastornos climáticos.

"Nuestro maíz y frijol son demasiado delicados. ¿Puede alguien ayudarnos a encontrar alternativas?", pregunta Guerrero en una reunión comunitaria con Ramírez.

"Sin agua, no puede haber cultivos ni pasto, y sin pasto, no puede haber ganado", afirma Gregorio Flores, vicepresidente de una asociación de desarrollo local. "Quizá deberíamos centrarnos en la construcción de un depósito, o en la retención del agua de lluvia para los sistemas de riego por goteo".

Ramírez presta atención a todas las ideas y piensa en qué podría ayudarles a encontrar financiación y apoyo.

Una cosa está clara: las comunidades son más conscientes de a qué se están enfrentando, y si se buscan soluciones, sus voces y liderazgo son cruciales. Sin embargo, para ser eficaces, deben trabajar juntas y aprender a maximizar su influencia. Antes de despedirse en su última visita del día, Ramírez recuerda a los miembros de la comunidad que su poder radica en la acción colectiva.

"Este no es el momento de actuar como individuos", les insiste. "Es el momento de organizarse".

¿Qué está haciendo Oxfam?

Oxfam tiene como objetivo ayudar a más de 85.000 personas en América Central que están luchando contra la crisis provocada por El Niño. Oxfam hace un llamamiento a la comunidad internacional para que intensifique su apoyo a los países afectados por El Niño.

 

Publicado originalmente en Europa Press.