Empresas farmacéuticas y elusión fiscal: las mujeres y las niñas pagan el precio más alto

Sushmita tenía 3 años cuando sufrió encefalitis aguda. Ahora tiene 13, pero no puede caminar correctamente y ha perdido la movilidad de de sus manos parcialmente, lo que le dificulta escribir. Crédito: Zacharie Rabehi/Oxfam
Sushmita tenía 3 años cuando sufrió encefalitis aguda. Ahora tiene 13, pero no puede caminar correctamente y ha perdido la movilidad de de sus manos parcialmente, lo que le dificulta escribir. Crédito: Zacharie Rabehi/Oxfam

La elusión fiscal está alimentando la crisis de desigualdad y ampliando la brecha entre ricos y pobres. Cuando las empresas no pagan los impuestos que les corresponden justamente, son las personas en mayor situación de pobreza, especialmente las mujeres y las niñas, las que más sufren, ya que los Gobiernos tienden a equilibrar sus presupuestos recortando servicios básicos y subiendo otros tipos de impuestos. 

Pfizer, Merck & Co (MSD), Johnson & Johnson y Abbott se encuentran entre las mayores empresas farmacéuticas del mundo. Sus ingresos conjuntos entre 2006 y 2015 sobrepasaron los 1,8 billones de dólares. Sin embargo, privan a los Gobiernos de miles de millones de dólares en impuestos que podrían invertirse en servicios de salud. Y fijan precios desorbitados para medicamentos impidiendo que las personas en situación de pobreza puedan acceder a ellos. Además, utilizan su poder e influencia para minar los intentos de reducir el precio de los medicamentos y de controlar sus prácticas tributarias.

Todas y todos compramos productos de Johnson & Johnson, Pfizer, Merck y Abbott. Nos necesitan. Si alzamos nuestra voz, tendrán que escucharnos.

Únete al movimiento y pide a las empresas farmacéuticas que paguen los impuestos que les corresponden justamente y que reduzcan el precio de los medicamentos.

¿En qué podrían invertirse los 3 800 millones de dólares no recaudados?

Merck & Co, Pfizer, Johnson & Johnson y Abbott pueden haber minimizado su contribución fiscal en hasta 3 800 millones de dólares anuales en un total de 16 países, incluyendo 112 millones de dólares anuales en siete países en desarrollo: Tailandia, India, Ecuador, Colombia, Pakistán, Perú y Chile.

Si los Gobiernos de estos países invirtiesen este dinero en servicios de salud...

 se podría financiar:

  • La vacunación de 10 millones de niñas contra el virus que causa el cáncer cervical, uno de los tipos de cáncer más mortales que provoca la muerte de una mujer cada dos minutos (aproximadamente, 9 de cada 10 muertes por este tipo de cáncer ocurren en países en desarrollo).
  • La vacunación de 9 millones de niños y niñas contra la neumonía. La neumonía provoca la muerte de un millón de niños y niñas cada año y es la principal causa de mortalidad en menores de 5 años a nivel mundial. 
  • La vacunación contra la encefalitis japonesa y mosquiteras para todos los bebés nacidos en la India en un año. La encefalitis japonesa es una enfermedad transmitida por un mosquito con una alta tasa de mortalidad, especialmente en menores de 15 años. 

Tu acción importa mucho

Las empresas farmacéuticas quieren ser percibidas como socialmente responsables, pero sus acciones demuestran lo contrario. Generan miles de millones de beneficios cobrando precios desorbitados por sus medicamentos a las personas en situación de pobreza y minimizando su contribución fiscal en cientos de millones de dólares. Estas acciones privan a los países de fondos que podrían destinarse a financiar programas de vacunación, la contratación de matronas o el funcionamiento de centros de salud en zonas rurales.

Govind, de 13 años, (derecha) casi muere de encefalitis pero logró recuperarse y volver a la escuela. El coste de su tratamiento ha llevado a la familia a endeudarse y sus padres no pueden pagar la escuela a sus hermanas. Foto: Zacharie Rabehi/Oxfam

Las mujeres y las niñas en situación de pobreza son las que salen peor paradas, ya que suelen ser las que más dependen de los servicios públicos de salud, las que se ocupan de sus seres queridos cuando estos servicios se derrumban, y las que asumen una mayor parte de los impuestos regresivos, lo que las priva de la oportunidad de mejorar sus vidas. 

Nadie debería ver cómo sufren sus hijos e hijas por la falta de asistencia médica, o tener que elegir entre comprar alimentos o los medicamentos que necesitan para vivir.

Pide a las empresas farmacéuticas que paguen los impuestos que en justicia les corresponden, que garanticen que los medicamentos sean asequibles y que dejen de influir sobre las leyes en su favor, ya que esto socava la lucha contra la pobreza y la desigualdad.