Desigualdad y pobreza: el coste oculto de los abusos fiscales

Este sistema mundial de evasión y elusión fiscal está absorbiendo recursos esenciales para luchar contra la pobreza. Esto tiene que terminar.
Este sistema mundial de evasión y elusión fiscal está absorbiendo recursos esenciales para luchar contra la pobreza. Esto tiene que terminar.

En nuestro mundo la riqueza no escasea. A lo largo de los últimos 30 años, el tamaño de la economía mundial se ha duplicado. En 2014, su valor era de casi 78 billones de dólares.

Aun así, la brecha entre ricos y pobres continúa agrandándose: las fortunas de las personas más adineradas aumentan enormemente mientras que la riqueza de las personas más pobres disminuye. En 2015, las 62 personas más ricas del planeta poseían tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad. Ahora, el 1% más rico de la población mundial posee tanta riqueza como el 99% restante.

Una de las principales causas de esta desigualdad extrema es el abuso sistemático de un sistema fiscal injusto, que ha alcanzado niveles sin precedentes y obstaculiza la erradicación de la pobreza.

¿Qué es la injusticia fiscal? 

Desde 2014, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) ha filtrado un gran número de documentos (entre ellos, los recientes papeles de Panamá) que revelan la enorme magnitud de la elusión y la evasión de impuestos por parte de grandes empresas e individuos.

Los documentos filtrados han evidenciado cómo, gracias a un sistema fiscal complejo y poco regulado, empresas multinacionales y personas ricas ocultan sus grandes fortunas y beneficios en paraísos fiscales con el objetivo de reducir su carga fiscal y aumentar su riqueza.

Los paraísos fiscales están en el centro de este sistema. Permiten que los ingresos y la riqueza salgan de los países de orígen, libres de impuestos y en secreto, y los ocultan lejos de las autoridades tributarias y reguladoras. Así, los paraísos fiscales privan a los Gobiernos de los recursos que necesitan para proporcionar servicios públicos básicos (como la sanidad y la educación)y para combatir la creciente desigualdad.

​¿Quién se beneficia?

Los más favorecidos son los más ricos. En la economía mundial, las personas adineradas y las grandes multinacionales se aprovechan de su posición e influencia y usan las estructuras económicas para beneficiarse.

Un buen ejemplo de este sistema disfuncional es esta telaraña mundial de paraísos fiscales y la industria del fraude fiscal. Son las personas y empresas más ricas, quienes más impuestos deberían pagar, las que se pueden permitir hacer uso de los servicios que ofrecen compañías como Mossak Fonseca (tal y como evidencian los papeles de Panamá) y de esta red mundial para eludir el pago de los impuestos que les corresponden.

  • Nueve de cada diez empresas de las 200 más importantes del mundo tienen presencia en al menos un paraíso fiscal. Entre los años 2001 y 2014, la inversión empresarial en estos lugares se cuadriplicó.
  • Muchas personas adineradas de todo el mundo, entre ellas conocidas celebridades e importantes políticos, utilizan sociedades fantasma establecidas en paraísos fiscales para eludir y evadir impuestos sobre sus fortunas.
  • Los papeles de Panamá también han evidenciado hasta qué punto está involucrado el sistema bancario mundial, revelando cómo más de 500 bancos diferentes ayudan a sus ricos y poderosos clientes.
  •  Datos recientes estiman que los paraísos fiscales ocultan 7,6 billones de dólares (más que el producto interior bruto de Reino Unido y Alemania combinado).

Barrio de chabolas de Tondo, en Manila, Filipinas, 2014.
Barrio de chabolas de Tondo, en Manila, Filipinas, 2014. Cada año, los países pobres pierden 170.000 millones de dólares a causa de la fuga de dinero a paraísos fiscales.

¿Quién paga el precio?

Cuando los ricos o las grandes multinacionales acumulan sus fortunas en paraísos fiscales, evitan pagar los impuestos que les corresponden en los países en los que operan y obtienen ingresos. Esto, a su vez, priva a los Gobiernos de fondos vitales que podrían invertirse en servicios públicos básicos e infraestructuras como colegios, hospitales y carreteras.

Como resultado, los Gobiernos tienen que recortar estos servicios o compensar la escasez de recursos mediante la subida de impuestos al resto de la ciudadanía. Ambas opciones perjudican sobre todo a las personas más pobres y hacen que aumente la brecha de la desigualdad. Este sistema mundial de elusión y evasión de impuestos está socavando el estado de bienestar en los países ricos. Pero el impacto es aún más devastador en los países más pobres.

  • Los paraísos fiscales privan a los países pobres de al menos 170.000 millones de dólares en ingresos fiscales cada año.
  • Casi un tercio de la riqueza de los ciudadanos africanos más adinerados, un total de 500.000 millones de dólares, se encuentra en paraísos fiscales.
  • Se estima que esto supone pérdidas por valor de 14.000 millones de dólares anuales en ingresos fiscales para los países africanos; dinero suficiente para financiar servicios sanitarios que podrían salvar la vida a cuatro millones de niños y niñas y, además, contratar a los profesores y profesoras necesarios para escolarizar a todos los niños y niñas del continente.

Qué hay que hacer

Aunque algunas de estas prácticas son ilegales, muchas personas y empresas ricas se aprovechan de las debilidades del anticuado y disfuncional sistema fiscal actual para evitar pagar sus impuestos sin quebrantar ninguna ley.

Los Gobiernos deben trabajar juntos para reformar el sistema fiscal internacional y poner fin a la era de los paraísos fiscales. Deben acabar con el secretismo que permite a los más ricos y a las empresas internacionales eludir el pago de los impuestos que les corresponden. 

Qué puedes hacer

Cuando se trata de pagar impuestos, hay una regla para las grandes empresas y otra para la gente corriente. Y mientras los más poderosos sigan pagando pocos o ningún impuesto, los ciudadanos de a pie se verán obligados a asumir los gastos de los Gobiernos.

Esto contribuye a una crisis de desigualdad en la que 62 personas poseen tanta riqueza como la mitad más pobre del planeta, mientras millones de personas permanecen atrapadas en la extrema pobreza. Esta desigualdad económica extrema, impulsada por las prácticas fiscales injustas y el uso de paraísos fiscales, impide la erradicación de la pobreza mundial.

Esto tiene que acabar.

Para erradicar la pobreza y la desigualdad extrema, debemos hacer un llamamiento a los líderes mundiales para que acaben con la era de los paraísos fiscales y creen un sistema fiscal internacional justo.

Suma tu voz y firma nuestra petición