“Ese granito de arena yo lo puse ahí”

Esperanza Soza acompaña a mujeres nicaragüenses que están en situaciones de violencia y que necesitan apoyo para poder acceder a la justicia.
Esperanza Soza acompaña a mujeres nicaragüenses que están en situaciones de violencia y que necesitan apoyo para poder acceder a la justicia.

Esperanza le hace honor a su nombre. Mientras cuenta lo que hace, los ojos le brillan y su voz sube de tono con la emoción que van transmitiendo sus palabras. El tema que toca no es nada fácil, pero ella lo cuenta con la certeza de que su trabajo está ayudando a cambiar uno de los problemas más sentidos por las mujeres en Nicaragua: la violencia machista.

Cuando habla de su trabajo nunca lo hace desde el dolor, sino desde la fuerza que le da el trabajo que realiza. Y es que Esperanza Soza es una de las defensoras de derechos de la Red de Mujeres de Norte “Ana Lucía”, un espacio conformado por unas 700 mujeres y creado hace 23 años en el norte del país para acompañar a mujeres que están en situaciones de violencia y que necesitan acompañamiento de otras para poder acceder a la justicia.

La satisfacción de ayudar

“Algo que me emociona es acompañar a las mujeres, que ellas se sientan que alguien las apoya. Muchas veces en las instituciones del Estado, si no van acompañada por una defensora, a las mujeres se les revictimiza más”, explica Esperanza, que a lo largo de estos años ha acompañado a más de 900 mujeres en procesos legales y personales para que logren salir de la violencia, generalmente ejercida por sus parejas.

La Red, desarrolla además actividades de sensibilización y otras para el empoderamiento de sus integrantes. El objetivo es impulsar cambios culturales y de prácticas para erradicar la violencia a mujeres y niñas.

“Buscamos que, entre otras cosas, las mujeres creen sus propias iniciativas económicas para no ser dependientes económicamente”, explica Esperanza.

El apoyo de una sobreviviente

Ella sabe bien de esta situación, no solo por el trabajo que hace, sino porque antes de ser defensora, vivió lo mismo. “Con mi pareja anterior tuve problemas de violencia. Puedo decir que soy una sobreviviente y eso me motivó a ser activista e integrarme en la Red”.

La fuerza con la que Esperanza habla la transmite a las mujeres con las que trabaja y eso se nota en los frutos de su esfuerzo: “Hemos logrado que las mujeres después que salen de ese círculo los bienes pasen a su nombre, que ellas se conviertan en empresarias. Por ejemplo, tenemos siete mujeres que se han superado y ahora tienen sus propias fincas, son empresarias de café, tienen sus propios negocios, ventas”, cuenta.

Además, “las mujeres que salen de la violencia sirven de referencia a otras mujeres”, explica. “Me siento muy realizada, porque las mujeres llegan a mi oficina con el autoestima muy baja, sin casi poder ni hablar. Cuando veo lo mucho que han cambiado pienso: ese granito de arena yo lo puse ahí”. 

Únete y di ¡Basta!

¿Sabías que al menos una de cada tres mujeres (35%) experimentará algún tipo de violencia a lo largo de su vida? Esto equivale a más de 1.000 millones de mujeres en todo el mundo.

COMPARTE la historia de Esperanza y como ella digamos ¡Basta! Acabemos con las violencias contra mujeres y niñas.