Jakaru Porã Haguã: Ésta no es una feria agroecológica más

Dos mujeres feriantas descargan los productos que pondrán a la venta en el mercado de San Pedro. Foto: Pablo Tosco / Oxfam Intermón
Dos mujeres feriantas descargan los productos que pondrán a la venta en el mercado de San Pedro. Foto: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

La Feria agroecológica Jakaru Porã Haguã se celebra 2 veces al año en la capital de Paraguay, Asunción con el apoyo de Oxfam entre otras organizaciones. En ella participan 20 comunidades indígenas y campesinas, con productos caseros y ecológicos, junto a conocidos chefs que cocinan en vivo, ofreciendo platos tradicionales a precios accesibles. Pero ésta no es una feria más. ¿Sabes por qué?

Os presentamos a Cristina. Empezó vendiendo productos de su huerta para venderlos en la feria de San Pedro, cada miércoles. De ser una mujer que trabajaba sola en la huerta y sacaba unos pocos productos para alimentar a su familia, se ha convertido en una agricultora que trabaja de manera organizada con otras agricultoras y agricultores de la zona, con acceso a formación, con posibilidades de mejorar su huerta y su vida, con un carro de caballos para recorrer semanalmente, junto a varias vecinas, los 7 km que separan su casa de la feria en el centro de la ciudad. Esto, en un país tan desigual como Paraguay, es un salto cualitativo gigantesco.

Después de un par de años acudiendo a la feria, la venta semanal de tomates, pimientos, lechugas, maíz, queso y judías, le han permitido obtener ingresos estables, invertir en su parcela, haciendo que sus hijas e hijos completen sus estudios secundarios, mejorando la variedad de alimentos en el menú familiar, y contando con un mínimo ahorro para imprevistos. Lo cuenta con orgullo y alegría, confesando haber pasado incertidumbres y complicaciones. A pesar de la cuesta arriba, Cristina, labrando, cultivando alimentos sanos y sabrosos, consiguió autonomía económica, que no es ni más ni menos que ganar márgenes de libertad para decidir.

Ser mujer agricultora es, de partida, un camino cuesta arriba

Tras conocer de cerca a Cristina, en Oxfam sabemos que hay varias mujeres como ella que han criado con cuidado cada verdura. A través de cada kilo de pimientos y maíz que se compra en estos mercados y ferias de productoras, estamos pidiendo que persista y mejore la pequeña agricultura, y que muchas mujeres agricultoras sean más independientes, más fuertes y un poco más libres para elegir lo que quieren.

Viviendo en un país con tantas desigualdades como Paraguay, en zonas rurales con apenas servicios públicos, ser mujer agricultora es, de partida, un camino cuesta arriba. Mal que nos pese, vivimos en una cultura machista, que hace miopes -y hasta ciegos- tanto a los técnicos del Ministerio de Agricultura, que ven a las mujeres como cuidadoras y no como productoras, como a la banca pública y privada, que “arriesgan” muy poco en créditos para mujeres emprendedoras.

Un espacio de intercambio y de aprendizaje valioso

La capacitación, la organización de las actividades y la comercialización de los productos ha tenido un efecto positivo en muchas mujeres, que habitualmente no salían del entorno doméstico. Estas mujeres han encontrado un espacio de intercambio y de aprendizaje valioso, logrando mayor confianza y autonomía económica. La feria y el comité organizador se constituyen en un espacio de encuentro e intercambio de conocimientos entre las productoras/es y la comunidad.

Cristina podría ser el ejemplo de unas de las mujeres que gracias a estos mercados organizados, entre otras organizaciones, por Oxfam, ha podido mejorar su tierra y su vida. La población, sobre todo mujeres, consigue aumentar sus ingresos, dinamizando mercados locales y facilitando la venta de productos en estas ferias, que no son una feria agroecológica más.