Mujeres que gracias a ferias agroecológicas mejoran su tierra y su vida en Paraguay

Perla María Rodríguez es vicepresidenta de la secretaría de la mujer de su organización. Foto: A. Velázquez / Oxfam
Perla María Rodríguez es vicepresidenta de la secretaría de la mujer de su organización. Foto: A. Velázquez / Oxfam

Estos días se ha celebrado una nueva edición de la Feria Jakaru Porã Haguã (“Para que podamos comer bien”, en guaraní) en la capital de Paraguay, Asunción. Estas ferias, que también tienen lugar en otros lugares del país, como Concepción o San Pedro, son un espacio de intercambio entre productores/as y consumidores/as que optan por los alimentos agroecológicos, producidos en pequeña escala y con una gestión sostenible de los recursos naturales, manteniendo la biodiversidad y conservando el conocimiento tradicional del campo. 

Perla, una historia de éxito, ha vuelto a estudiar gracias a la feria

Perla María Rodríguez podría ser el ejemplo de unas de las mujeres que gracias a estos mercados organizados, entre otras organizaciones, por Oxfam, ha podido mejorar su tierra y su vida. 

Los feriantes, sobre todo mujeres, consiguen aumentar sus ingresos, con la venta de productos que cultivan en sus huertas.

Perla vive en Concepción, uno de los departamentos con mayor índice de pobreza en Paraguay. Hace unos años, trabajaba en casa y cuidaba una huerta en la que plantaba sésamo y algodón, dos productos que vendía a intermediarios y que apenas le daban para pagar sus deudas. 

De mujer que trabajaba sola, a productora y comerciante

De ser una mujer que trabajaba sola y sacaba unos pocos productos para alimentar a su familia, se ha convertido en una productora y comerciante, que trabaja de manera organizada con otras agricultoras y agricultores de la zona, que vende los productos de su huerta en un mercado semanal y que ejerce un cargo directivo en la Organización Campesina Regional de Concepción (OCRC)

También ha vuelto a estudiar en la universidad. En un país tan desigual como Paraguay, conseguir todo esto es dar un salto de gigante. 

¿Qué representa para Perla como mujer, formar parte de la OCRC?

"Estar en la organización representa mucho para mí porque hay organizaciones que no tienen en cuenta a las mujeres. En cambio, aquí nos sentimos autorealizadas y pensamos con nuestra propia cabeza. Mi labor es visitar y enlazar a las mujeres de las comunidades con la organización. Les hablamos sobre los derechos que tenemos, lo que podemos hacer para mejorar la producción y la planificación en nuestra casa. Las mujeres tenemos que intervenir y ser escuchadas.”

“Mi trabajo es trabajar directamente con las mujeres de la OCRC. Organizarnos en la feria y a la vez llevo los productos de mi casa. Me encanta el trabajo y el relacionamiento que tenemos. Hace doce años empezamos a activar más. Al inicio éramos dos mujeres en la comisión directiva. Ahora ya somos 300 o 350 mujeres trabajando en 22 comunidades de la región.”

A la feria suelen llegar entre 8 y 10 mujeres nuevas de manera regular, que llevan productos propios y también de otras productoras. A partir de los trabajos de la organización, Perla ha visto cómo cambia la mentalidad, tanto de la mujer como del marido, el trabajo se realiza en familia y con mucha organización. “Estudiamos mucho, nos capacitamos. En la oficina de la OCRC hacemos las charlas y seminarios con las compañeras de la zona. En caso de que haya necesidad, nos vamos a las comunidades. Cada comité se reúne una vez al mes para planificar estrategias.”

¿Cómo era su vida antes de formar parte de la OCRC? ¿Y ahora? 

Antes de formar parte de este tipo de organizaciones, las mujeres hacían lo que podían en sus propias casas. Perla comenta: “les vendíamos a intermediarios, pero era para pagar las cuentas y volver a empezar a deber. Era un círculo. Pero ahora las cosas cambiaron. Puedo empezar a pensar. Retomé mis estudios de ciencias de la educación y pienso en los estudios de mis hijos. Esta organización es para mejorar las condiciones de vida."

Y añade: “Todo este trabajo me ayuda mucho, no encuentro dificultades, me respetan, me consultan. Si bien hay mucha pobreza y machismo, con el trabajo estamos logrando mucho. Sin la militancia no hubiera llegado tan lejos. No tendría esta visión que tengo, sería como otras mujeres que se quedan en sus casas. “

¿Cómo es la relación con las otras mujeres?

Perla comenta que en estos 20 años, los avances llegan, aunque son lentos. “A las mujeres, este trabajo nos ha beneficiado mucho. Ya no falta nada, hay mucho para comer, pudimos comprar muebles, utensilios para la cocina y lo que cada una necesita.”

¿Qué tipos de alimentos cultivan? ¿Qué supone cultivar orgánico?

En general, estas mujeres están en contra del monocultivo y a favor de la variedad. Perla tiene frutas, verduras, mandioca, maíz, un pequeño tambo (leche) y una pequeña granja avícola con gallinas ponedoras. Antes, sembraba sésamo y algodón, que les vendía a intermediarios.

Perla explica así los beneficios del cultivo orgánico: “Hay muchísimas enfermedades, el cáncer es una, consecuencia de la mala alimentación. Tratamos de que se entienda. Cultivar orgánico es salud. Pero hace falta mayor información y no siempre llega. La gente, cuando se le explica, entiende. Pero los medios comerciales no emiten información útil. Necesitamos espacios radiales para llegar a las comunidades y esos espacios son caros.”

Y, ¿Qué supone cultivar según los estándares del comercio justo?

“Antes nuestro margen de ganancia era mínimo porque trabajábamos con intermediarios. Ahora eso cambió. Nosotros directamente trabajamos con los consumidores y si bien cultivamos en menor cantidad, con variedad, nos rinde más.”

¿En qué invierte el dinero que consigue en la feria? 

Perla invierte ahora en estudiar Ciencias de la Educación y añade que “también hemos realizado mejoras en nuestra casa, en el baño, adquirimos una trilladora y una forrajera.”

Haber podido reiniciar sus estudios fue un logro muy especial para ella, un salto cualitativo. En la zona, muchas mujeres no llegaron a concluir el bachillerato. 

Perla tiene muy claro que “las mujeres somos parte de esta sociedad, tenemos que usar esa capacidad que tenemos. Soy mamá de dos hijos, una nena de 17 años y un varón de 12 años. A veces es difícil y cuesta sobrellevar pero se puede. En casa nos comprendemos mucho.”

Y añade: “Mis hijos nacieron y crecieron en esto. De hecho, en mi hija veo muchas características de liderazgo.”