Paraguay: los sueños de una cooperativa agrícola viajan en camión

Julia Leguizamón es miembro de la asociación SAN PEDRO II, que es un productor y comercializador estable de productos hortícolas y de queso, con el pimiento (“locote” en Paraguay) como producto más destacado. Foto: Oxfam
Julia, productora de la asociación San Pedro II (en Paraguay), soñaba con mejorar el transporte para llegar a un mayor número de mercados. Con el proyecto “Empresas que cambian vidas” de Oxfam lo ha conseguido.

Julia Leguizamón es productora agrícola en la ciudad de Vaquería, Paraguay. Ella, junto a sus compañeras y compañeros de la Asociación San Pedro II, sigue sorteando obstáculos en un país en el que escasean políticas públicas para el campo y los aprovechadores aparecen como maleza en la tierra. 

Veinte años atrás, Julia Leguizamón y su esposo Bernardino llegaban a Vaquería, un distrito del departamento de Caaguazú a doscientos cincuenta kilómetros de Asunción. Recién casados y poco después con una hija, no tardaron en establecerse y comenzar a trabajar la tierra. En diez hectáreas cultivaban principalmente mandioca, maíz y algodón. También tenían una huerta que cubría parte de sus necesidades de alimentación, algo muy tradicional para la agricultura familiar campesina en Paraguay.


“En esos primeros años tuvimos muchas dificultades para vender nuestros productos. Si vos querías vender tenías que sobornar al intermediario y nos pagaban una miseria” recuerda Julia muy apenada pues su primera experiencia fue muy mala, ya que el comprador intermediario les estafó y no tuvieron ningún ingreso por esa primera cosecha. 

De hecho, vender los productos agrícolas a intermediarios que luego comercian a mejor precio y volumen en el mercado de Asunción es práctica común en comunidades alejadas de la capital, por lo que Julia no fue la única que vivió esta experiencia que casi les dejó en la ruina. Esto, sumado a los problemas de salud que aquejaron a su hija pequeña y las malas condiciones del clima supusieron una verdadera prueba de entereza y coraje para vivir con dignidad en los siguientes años.

El nacimiento de la asociación San Pedro II

Vivir en Paraguay no es cosa sencilla. Es uno de los países con mayor índice de concentración y desigualdad en la tenencia de la tierra; el índice Gini alcanza 0.93 siendo uno de los más altos de la región. El sesenta por ciento de la superficie de cultivos está destinada a la soja, un rubro que no requiere de mucha mano de obra para su producción además de generar un alto impacto ambiental. A pesar del crecimiento macroeconómico sostenido que atraviesa este país, cuatro de cada diez personas viven en la pobreza y dos de cada diez en la pobreza extrema, con tasas mucho más altas en las áreas rurales. 

En este contexto creció Julia Leguizamón, la única mujer entre cinco hermanos en una familia campesina acostumbrada a trabajar la tierra. No olvida las dificultades económicas que atravesó junto a su familia y lo comenta con especial sentido del humor: “Una vez me preguntaron por qué no uso pollera. Yo le contesté que no estoy acostumbrada porque desde chiquita uso pantalón para trabajar en la chacra”. 


Con el tiempo Julia forjó un carácter fuerte y apasionado. Hoy le faltan dos años para cumplir cuarenta y es dueña de una vitalidad asombrosa. Combina los roles de trabajadora, madre y dirigente en su organización sin que le falten horas al día. Afirma convencida que para salir adelante es necesario soñar y pelear por ello. Así nació la Asociación San Pedro II; del sueño, la necesidad y la lucha de una comunidad.

Organizarse para sortear los abusos de la pobreza

Comenta que todo comenzó con una pregunta: “¿Qué podemos hacer para que dejen de aprovecharse de nosotros?”. La primera respuesta fue organizar colectivamente el trasporte de sus productos hasta el mercado. Conformaron un pequeño comité de poco más de veinte productores y productoras que consiguió rentar un camión para llevarse la mandioca hasta Asunción. De esta manera lograron pasar por encima de los abusos del intermediario.

El primer logro alentó a más personas que no tardaron en unirse al comité. Juntos y juntas decidieron no conformarse y seguir pensando en mejores condiciones para comercializar sus productos. Los costos de alquiler de un camión que no siempre estaba disponible, sumado al bajo precio de la mandioca en el mercado, fueron solo algunos de los nuevos obstáculos que se propusieron superar.


Con el aporte de un equipo de técnicos de la Dirección de Extensión Agraria, dependiente del Ministerio de Agricultura y Ganadería, aprendieron a cuidar y optimizar el rendimiento de la tierra a través de cultivos rotativos, diversificando la producción y utilizando abono verde. Pocos meses después, el comité San Pedro II comenzó a comercializar maíz, frijoles, tomate, pimiento, queso y carne de cerdo. 

La organización fue creciendo en cantidad y calidad. Para poder comerciar directamente y tener un puesto de venta fijo en el Mercado de Abasto de la ciudad de Asunción decidieron abandonar la figura de “comité” y dar el siguiente paso: Conformar la Asociación de Productores San Pedro II. “Saber aprovechar al máximo lo que uno aprende y lo que uno tiene, ahí está el secreto del trabajo” reflexiona Julia.   

Producción asociativa con protagonismo de las mujeres

La comunidad ha cambiado mucho de 20 años a esta parte. Esto es visible en el entorno y en la vida cotidiana de los vecinos y vecinas de Mbokaja´i – Vaquería. La Asociación es un ejemplo claro de estas transformaciones. Lo que inicialmente era un ámbito reservado a los hombres, en cuanto a la administración y toma de decisiones, fue tornándose más abierto y participativo. Pero esto no fue posible de la noche a la mañana. 


Julia, que en la actualidad es la vicepresidenta de San Pedro II, recuerda que en los inicios había muy pocas socias mujeres. “Yo hacía la contabilidad a escondidas, anotaba todos los gastos, hacía ese trabajo para la asamblea sin estar inscripta en la asociación”. Asegura que nunca tuvo vergüenza para hacer escuchar su voz y alentar a sus compañeras a formar parte de los debates que llevaba la organización. A la fecha son 87 asociados/as, de las cuales 26 son mujeres y cinco de ellas integran la actual comisión directiva. 

En este camino transitado por la Asociación San Pedro II también aparecieron amigos y amigas que ayudaron a estirar el carro y avanzar. “El programa Empresas que Cambian Vidas de Oxfam nos ha dado la oportunidad de visibilizar nuestro trabajo como mujeres” explica Julia al momento de detallar los cursos y talleres sobre administración, gestión de negocios, informática y otros aspectos que hacen a la organización y que son aprovechados por jóvenes y mujeres principalmente.

Pasos firmes hacia el desarrollo autónomo

El programa Empresas que Cambian Vidas (ECV) busca promover la creación y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas lideradas por las propias comunidades, con las que estas familias tengan acceso a ingresos estables, mediante una metodología que integra tanto los enfoques de desarrollo como los enfoques propios del mundo de la empresa, un punto intermedio entre la cooperación tradicional y la llamada “inversión de impacto”.

Empoderados y conscientes de su fuerza, productores y productoras de la Asociación San Pedro II decidieron dar el paso definitivo para que su producción llegue a más puntos de venta de manera regular y autónoma. Con el apoyo y asesoramiento del programa ECV se obtuvieron los recursos para comprar el primer camión.

“Soñábamos con tener un vehículo, algún día. Sabíamos que con ese camión ya nadie se iba a burlar de nosotros” expresa orgullosa Julia Leguizamón. En la actualidad, los productos de la Asociación San Pedro II llegan a la capital del país semanalmente, destacándose por su calidad y variedad.