Inundaciones en los campos saharauis: "No tenemos tiempo para esperar"

Campo de refugiados de Dajla, cerca de Tinduf, Argelia. En 2015, las inundaciones masivas provocaron una destrucción sin precedentes en los campos de refugiados saharauis.
Campo de refugiados de Dajla, cerca de Tinduf, Argelia. En 2015, las inundaciones masivas provocaron una destrucción sin precedentes en los campos de refugiados saharauis.

Entre el 16 y el 24 de octubre de  2015, las lluvias torrenciales que cayeron en el desierto del Sáhara causaron grandes e importantes daños en los campos de refugiados. Aunque que las fuertes lluvias son frecuentes en esta época del año, nunca antes se habían visto unas inundaciones tan destructivas.

Afortunadamente  no hubo  ninguna víctima mortal como consecuencia de las inundaciones, pero los daños materiales fueron muy graves, sobretodo en el campo de Dajla.
Más de 17.000 viviendas fueron destruidas o gravemente dañadas, así como gran parte de los edificios que albergan escuelas, hospitales y clínicas. Cerca de 85.000 personas vieron sus reservas de alimentos reducidas a nada.

Meses después de las inundaciones, la principal prioridad sigue siendo la reconstrucción y restauración de los hogares e instituciones.

Muchas familias han comenzado a reconstruir sus viviendas con los únicos materiales disponibles que tienen a mano como el adobe y la lona. A día de hoy, todavía se encuentran en situación de emergencia.

La historia de Bulahi

"Cuando mi padre me llamó desde el campo de Dakhla entendí que estábamos viviendo una situación grave", recuerda Bulahi Brahim Esmlali, 30 años. "El 19 de octubre las lluvias empezaron a arrasar Dakhla y el barrio de mi padre".

Bulahi portrait. Western Sahara

Hecha de adobe (ladrillos de arena secada), la casa del padre de Bulahi se fue derrumbando poco a poco: "Primero la cocina, luego el baño. A la mañana siguiente, se derrumbaron las paredes y el techo de toda la casa; en 24 horas estaba completamente destruida". Sus padres se instalaron entonces en la jaima tradicional, que tiene valor de refugio para muchos saharauis, sobre todo para las personas más mayores.

"Recién llegado de Dakhla, donde fui para llevarle pan y agua a mi padre, que vive solo, vi que las lluvias habían golpeado Bujdur y mi propia casa, en la que vivo con mi mujer". Por instinto, la        suegra de Bulahi lo mando en busca de lonas impermeables, que colocaron sobre la jaima el 20 de octubre por la mañana: "Eso fue lo que salvó nuestra jaima ", nos explica Bulahi. Esa misma noche se derrumbó una parte de su casa. "Acogimos en nuestra jaima a una familia vecina. Éramos 8 personas más toda la ropa y la comida que pudimos llevarnos".

Bulahi, 30 años, Western Sahara

Durante tres días y dos noches Bulahi no pegó ojo. "Por la noche teníamos miedo de que la tienda se viniera abajo por el peso del agua. Durante el día, como todo el mundo, íbamos a trabajar". Durante las inundaciones Bulahi, que trabaja de chófer para una ONG, participó en tareas de distribución de víveres de emergencia en los campos de Auserd, El Aaiún y Dakhla. Bulahi mantener la objetividad diciendo: "aquí la mentalidad es así; todo el mundo siguió trabajando; todas las familias estaban afectadas; lo único que se podía hacer era ayudar a la comunidad".

"A mi mujer le hubiera gustado que pasara un poco más de tiempo en casa", sonríe. Un mes después, Bulahi sigue viviendo en la jaima. Hace los preparamientos para reconstruir su nueva casa, va a usar los mismos materiales frágiles, como los ladrillos de adobe, que utilizan los saharauis: "Una casa de cemento cuesta el triple. ¿Qué otra cosa podemos hacer? No tenemos tiempo para esperar".

Oxfam trabaja en los campos de refugiados en Argelia desde 1975 en estrecha colaboración con socios locales. Desde Oxfam continuamos llamando la atención sobre la precaria situación humanitaria en los campos de refugiados en general, e instamos a los actores internacionales a asegurar que se encuentre una solución política justa y duradera.