Impulsando la recuperación en Ecuador: tu ayuda en acción

Un terremoto de 7,8 grados en la escala de Richter sacudió la región noroeste de Ecuador el sábado 16 de abril de 2016, causando más de 600 muertos y miles de heridos. Al menos 22.500 personas se han quedado sin casa. Un mes después, dos otros potentes terremotos sacudieron el país otra vez y ha habido más de 600 réplicas. 

Nuestra respuesta inmediata

Apenas unas horas después del desastre, desplazamos a un equipo de expertos de Oxfam y enviamos dos toneladas de tuberías y tanques de agua a Portoviejo y Pedernales. Toda esta labor se hizo gracias al apoyo de la Agencia de Cooperación Española, AECID. Estos suministros han permitido proporcionar agua potable a más de 10.000 personas gravemente damnificadas, aquellas cuyos hogares resultaron totalmente destruidos o que viven en áreas donde los sistemas públicos de agua sufrieron graves daños.

 El personal de Oxfam en Portoviejo proporciona asesoramiento técnico. 

El peor terremoto en décadas

Se trata del peor terremoto en el país desde 1979.   Miles de edificios están destruido o seriamente dañados y se calcula que unas 23.000 personas viven en refugios temporales.

Naciones Unidas calcula que más de 750.000 personas sufrieron las consecuencias del terremoto a fecha del 27 de abril. El Gobierno ecuatoriano estima que serán necesarios más de 600 millones de dólares (unos 530 millones de euros) para afrontar la crisis humanitaria derivada del seísmo.

Nuestra prioridad ahora es asegurar la distribución de agua potable, el refugio y la seguridad alimentaria de miles de personas que han perdido sus hogares, así como mejorar las condiciones sanitarias para evitar infecciones y la propagación de enfermedades transmitidas por el agua.

Un grupo de gente espera a que se distribuya agua potable y alimentos en Canoa. 

El terremoto afectó gravemente a la comunidad costera de Canoa. La mayoría de las personas huyeron en busca de un lugar seguro lejos de la amenaza de un tsunami. A día de hoy, aún no han vuelto a lo que queda de sus casas y viven en condiciones muy precarias en la cuneta de la ruta nacional sin agua ni alimentos. 

Un grupo de personas recibiendo artículos de primera necesidad en el albergue temporal de la comunidad de Canoa.

Portoviejo, una de las ciudades más afectadas

En el centro de la ciudad de Portoviejo, de 300.000 habitantes, la mayoría de los edificios están destruidos o con graves daños. Quienes todavía tienen su casa en pie sacan sus pertenencias, sin saber cuánto tiempo pasará hasta que puedan regresar.

Jonatan recupera un cristal en buen estado de un edificio destruido que usará para arreglar su casa en Portoviejo.

Luis Toral carga en un camión algunas de las pertenencias que ha podido recuperar tras el terremoto, Portoviejo.

Más de 1.100 personas se encuentran en el albergue temporal del antiguo aeropuerto de Portoviejo, en la provincia de Manabí. La principal preocupación de las autoridades en los refugios informales es el riesgo de infecciones y enfermedades de las personas que se encuentran en centros de acogida debido a las malas condiciones sanitarias. Oxfam está trabajando con las autoridades encargadas para mejorar las condiciones de cobijo y saneamiento. 

"Nos dieron colchones y desde entonces estamos aquí. No sé si van a hacer casas para los más vulnerables, como nosostros. Yo creo que se va a demorar...", comentan los residentes.

Nuestro trabajo se centra en proporcionar tanques de agua y tuberías de distribución, así como asesoría técnica a los encargados del alberge de Portoviejo. 

Más de 1.000 personas se benefician de nuestro trabajo en agua y saneamiento en el albergue del aeropuerto de Portoviejo.

La historia de Alba

Los efectos de la devastación traspasan los daños materiales y físicos y calan también en la salud mental de muchos de los afectados. En algunas ciudades, más del 50% de las casas han sido destruidas, generando una situación de estrés que agrava el sufrimiento de los más vulnerables.

Alba observa lo que queda de su casa. La fachada se ve intacta pero por dentro está totalmente destruida. Alba y su marido Lenin viven con sus 3 hijos y una nieta de 2 años en el albergue de Portoviejo.

"Nunca pensé que íbamos a tener este terremoto y nuestra casa se iba a destruir. En un segundo todo se hizo... Nunca lo podré olvidar porque mi casa se destruyó, no tengo nada."

Toda su familia estaba en la playa cuando ocurrió el terremoto, así que no sufrieron por sus vidas. Ahora viven ahora en el albergue temporal situado en el antiguo aeropuerto de Portoviejo, junto a 267 familias. Como ella, 33.757 personas ubicadas en albergues temporales, según los datos gubernamentales.

Alba se encarga de la casa y los niños pequeños y Lenín trabaja como chofer temporal en una empresa de energía. Aún no le han dicho si le darán un nuevo contrato. Semanas antes del terremoto, habían empezado a construir una seguna planta en su casa. Hoy no queda nada.

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