Crisis en Yemen: Esperando "un final pacífico a esta pesadilla"

Yemeníes ayudan a empujar un coche en una estación de gasolina durante la escasez de combustible en Sanaa, Yemen. Foto: Abo Haitham
Yemeníes ayudan a empujar un coche en una estación de gasolina durante la escasez de combustible en Sanaa, Yemen. Foto: Abo Haitham

Colas interminables en las tiendas y las gasolineras, basura apilada en las calles, hospitales sin personal ni suministros...

Esta es la situación en la que viven Farah y Rasha, dos mujeres jóvenes de Sanaa, la capital de Yemen, y Saada, una ciudad al norte del país.

Aunque, por motivos de seguridad, se han utilizado nombres ficticios, sus historias sí son reales.

Farah, de 26 años, trabaja para Oxfam en Sanaa

"Cada pocos días voy a pie a la oficina para ver si hay electricidad o Internet, así puedo usar el teléfono, recargar la batería de mi teléfono móvil o navegar por la red. O, simplemente, para salir de casa. Pero esta historia trata del trayecto en sí”.

“Las colas son cada vez más largas. A pesar de la violencia en la que está sumida Sanaa, las personas hacen cola día y noche. Los hombres esperan a las puertas de las gasolineras, y las mujeres y los niños, de las panaderías o los mercados. Saben que se ha acabado el combustible y el trigo, pero su situación es desesperada. Así que esperan con la esperanza de que llegue un cargamento mientras hacen cola y quizás –y solo quizás– puedan obtener algo con lo que aguantar un poco más”.

“También el agua se está acabando. De camino al trabajo suelo atravesar un patio en el que el propietario excavó un pozo y colocó una fuente para que la gente pudiera obtener agua apta para el consumo gratis. Para miles de personas en Sanaa, estas son ahora las únicas fuentes de agua limpia. Debido a la escasez de agua, el precio de rellenar un tanque de agua de una casa  se ha triplicado. Además, las tuberías y tanques para el suministro de agua también consumen combustible”.

“En Sanaa nos encontramos al borde de un desastre sanitario y medioambiental. En las calles hay más basura que personas. Los residuos se amontonan por toda la ciudad porque desde hace un mes los camiones de basura, sin combustible, ya no la recogen. Necesitan gasolina”.

“Los hospitales y centros médicos no dan abasto. Algunos han resultado completamente destruidos y los que aún funcionan tienen que asumir la carga de pacientes adicionales. Gran parte del personal médico y de enfermería ha abandonado la ciudad y los hospitales carecen de suministros médicos, agua limpia o electricidad. Los aparatos frigoríficos ya no funcionan y los bancos de sangre están vacíos. Ahora mismo, en Sanaa es posible morir por una herida leve o, simplemente, porque en los hospitales se da prioridad a las intervenciones de urgencia debido a la falta de suministros”.

“Pero cada día nos levantamos y damos gracias por seguir con vida. Afrontamos la frustración y la desesperación y nos levantamos de la cama, esperando que pronto llegue un final pacífico a esta pesadilla".

Rasha, de 20 años, estudia Literatura y vive con su familia en Saada

"Hace tres días, mi padre fue a una gasolinera a comprar combustible para el generador que tenemos en casa. Aún no ha vuelto”.

Por las noches, la casa se tambalea con cada bomba y salgo corriendo de la cama para ir donde mi madre y mi hermano. Mi madre nos dice que nos tapemos los oídos y cerremos los ojos cuando haya una explosión. La casa está totalmente a oscuras. Llevamos sin combustible y electricidad tres días”.

“Mamá trata de tranquilizarnos. Nos dice que papá volverá pronto con combustible y que todo saldrá bien. 'Habrá tenido que ir más lejos esta vez, y estará esperando a que los combates paren para poder volver a casa'. Su mirada no miente. Sabemos que hace tres días la gasolinera sufrió un ataque”.

“Mamá se pasaba el día llamando a familiares, pidiéndoles ayuda. Ahora el teléfono no funciona, así que pide ayuda a los vecinos o les pregunta si puede usar su teléfono para pedir ayuda”.

Sabemos que no podemos marcharnos porque no tenemos dinero para alquilar un coche o coger un taxi. La situación de nuestros vecinos es parecida. Muchos no recibirán sus salarios este mes porque la oficina de correos de nuestra zona ha quedado reducida a escombros”.

“Mi madre dice que pronto iremos a ver a un tío y quizás nos quedemos con él. Cuando vamos a verlo siempre nos ponemos elegantes. Ahora no nos deja”.

Me da miedo salir fuera. Me da miedo perder a mi madre, como he perdido a mi padre. Echo de menos a mi padre".

 

Oxfam en Yemen

A pesar de los graves problemas de seguridad, Oxfam continúa proporcionando ayuda de emergencia a las personas en mayor situación de vulnerabilidad en Yemen. Desde el comienzo del conflicto, desde Oxfam hemos socorrido a 60.000 personas.

Sin embargo, mientras dure el conflicto, las vidas de miles de personas como Farah y Rasha seguirán en punto muerto.