Todos estamos notando los apuros a medida que los precios de los alimentos básicos como el arroz, el grano y el trigo están alcanzando máximos históricos. Sin embargo, quienes más sufren son las poblaciones más pobres del planeta.
Ya ha habido revueltas por alimentos en países tan distintos como México y Egipto. A este ritmo, 600 millones de personas pasarán hambre en 2020: el doble de la población de EE. UU. y diez veces más que la del Reino Unido.
Los elevados precios del petróleo, la creciente demanda de China e India, el crecimiento poblacional, las sequías y los biocombustibles son sólo algunas de las razones de los altos precios de los alimentos.
Pero existen otros factores aparte, como la baja inversión en agricultura, el dominio de las grandes empresas y la mala gestión de las políticas de agricultura y alimentos.
El precio de los alimentos es una gran amenaza. Pero también supone una oportunidad para que los gobiernos actúen ahora.
Los países ricos deben:
Los gobiernos de los países pobres también deben desempeñar su función: deben invertir en agricultura e infraestructuras para mejorar la posición de los pequeños agricultores y que así puedan beneficiarse de los mayores precios. Y deben ser cautelosos a la hora de firmar acuerdos económicos injustos.