Mil millones de personas hambrientas

Los gobiernos y las agencias de ayuda deben hacer frente al reto

Publicado : 26 Enero 2009

La subida de los precios de los alimentos ha puesto de relieve una crisis alimentaria mundial que, aunque ya existía, ahora afecta a cerca de 1.000 millones de personas.

Las soluciones a futuro que se plantean son, entre otras, la adecuada inversión en agricultura, un comercio más justo, la redistribución de recursos y la lucha contra el cambio climático. Pero las personas con hambre no se alimentan de la esperanza de soluciones a largo plazo.



Las recomendaciones de Oxfam Internacional son las siguientes:



Los gobiernos de los países en desarrollo deben:
 

  • Promover un entendimiento común del hambre y la vulnerabilidad, así como una respuesta adecuada a ambos.
  • Asegurar que las comunidades afectadas tienen buen acceso a los ingresos y al alimento a través de medidas de protección social adecuadas a nivel local
  • Utilizar reservas de alimentos a nivel local, nacional y regional para abastecer a las poblaciones afectadas por la crisis, reducir la volatilidad de los mercados de alimentos y asegurar que las políticas fiscales y arancelarias mejoran el acceso al alimento.
  • Complementar la respuesta a la crisis con medidas de reducción de riesgos, especialmente para salvaguardar los medios de vida.
  • Ofrecer un espacio adecuado para que las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado puedan jugar un rol activo, como por ejemplo la participación en la distribución de la ayuda o el establecimiento de un plan de seguros y créditos.
  • Reunir a todos los ministerios relevantes, las agencias internacionales, los grupos de la sociedad civil (como los sindicatos de agricultores y las organizaciones de mujeres) para diseñar y coordinar planes de acción vinculados a la agricultura y a la protección social.



Los donantes y las organizaciones internacionales deben:
 

  • Apoyar el rol activo del Estado a través de la asistencia técnica y financiera invirtiendo en las capacidades nacionales para lograr una capacidad de respuesta duradera al hambre y apoyando las iniciativas regionales.
  • Aumentar la financiación para las transferencias de efectivo a las familias más necesitadas y reducir el énfasis en ayuda alimentaria en especie.
  • Comprometerse a una nueva alianza global, que se debería basar en los mecanismos globales y regionales ya existentes, y mantener la colaboración iniciada por el Grupo de Trabajo de Alto Nivel de las Naciones Unidas en 2008.
  • Reformar la Convención de Ayuda Alimentaria (CAA), que recibe compromisos anuales de ayuda alimentaria de los donantes, para que reciba fondos predecibles que apoyen a las políticas nacionales y regionales diseñadas para responder a las necesidades alimentarias. Estos compromisos deberían ser obligatorios.



Las organizaciones internacionales no gubernamentales (OING) deben:
 

  • Reforzar el apoyo a los mecanismos nacionales y locales de prevención y respuesta a las crisis alimentarias en vez de limitarse al suministro directo de ayuda.
  • Apoyar a las ONG locales para que participen en el diseño y ejecución de las políticas nacionales alimentarias, agrícolas y de protección social.