Contra el Imperio de los Más Ricos: Defendiendo la Democracia Frente al Poder de los Milmillonarios

Manifestantes hacen gestos con los brazos delante de agentes de policía de Kenia durante una protesta contra las subidas de impuestos en el centro de Nairobi, mientras en el Parlamento los diputados debaten el Proyecto de Ley de Finanzas de 2024, el 18 de junio de 2024.

Manifestantes hacen gestos con los brazos delante de agentes de policía de Kenia durante una protesta contra las subidas de impuestos en el centro de Nairobi, mientras en el Parlamento los diputados debaten el Proyecto de Ley de Finanzas de 2024, el 18 de junio de 2024. La policía keniata utilizó gas lacrimógeno y detuvo a decenas de manifestantes. (Crédito de la imagen: Luis Tato/AFP a través de Getty Images)

Toca elegir, ¿oligarquía o democracia?

Desde que Donald Trump fue elegido presidente en noviembre de 2024, la riqueza conjunta de los milmillonarios en todo el mundo ha crecido tres veces más rápido que en los cinco años anteriores. Aunque el mayor crecimiento corresponde a los milmillonarios estadounidenses, la riqueza de los milmillonarios de otras partes del mundo también ha experimentado incrementos de dos dígitos.

Por primera vez en la historia, el número total de milmillonarios en el mundo ha superado las 3 000 personas, y su riqueza combinada ha alcanzado un valor sin precedentes. Mientras tanto, una de cada cuatro personas en el mundo pasa hambre.

Para un milmillonario resulta sencillo adquirir enormes yates o multitud de casas de lujo alrededor del mundo. Existen muchas razones para criticar este consumo excesivo en un mundo enormemente desigual, donde la mayoría de las personas tienen muy poco y en un planeta asfixiado por la incesante generación de residuos y emisiones de carbono. Aun así, algunas voces tachan esta crítica de "política de la envidia".

Sin embargo, resulta más difícil poner en duda el retroceso democrático o de los principios de equidad cuando los milmillonarios están utilizando su fortuna para influir sobre actores políticos, para presionar a un Gobierno, para comprar un medio de comunicación o una red social, o para procurarse los equipos jurídicos más caros frente a cualquier oposición que les garantice impunidad ante la justicia. Con un poder así, los milmillonarios tienen nuestro futuro en sus manos, debilitando las libertades políticas y los derechos de las demás personas.

El control e influencia de los más ricos sobre la política no es algo nuevo; de hecho, se trata de un fenómeno habitual en muchos países de todo el mundo.

El informe de Oxfam aborda cómo Gobiernos de todo el mundo están optando por decisiones equivocadas. Cuando anteponen los intereses del gran capital frente a la defensa de las libertades. Cuando permiten que los milmillonarios nos gobiernen, mientras silencian la voz de la mayoría y limitan nuestra capacidad real de elegir y de tener el control sobre nuestra propia vida. Cuando optan por reprimir descontento de la ciudadanía frente al elevado coste de la vida, en lugar de promover mecanismos de redistribución de la riqueza para que todas las personas puedan tener lo suficiente.

Cuando llegar a fin de mes se convierte en una misión imposible para la gente corriente de todo el mundo

En las últimas décadas, quienes defendían la globalización económica podían ampararse en los avances reales en términos de reducción de la pobreza. Sin embargo, a partir de la década de 2020, la reducción de la pobreza se ha frenado de manera general y, de hecho, en África ha vuelto a aumentar. En 2022, casi la mitad de la población mundial (el 48 %), es decir, 3 830 millones de personas, vivían en situación de pobreza.

Construir un futuro más justo

El mundo se encuentra en una situación crítica. La desigualdad extrema ha alcanzado tal punto que los superricos tienen la capacidad de manipular elecciones y economías, y consolidar su poder a través de la política, los medios de comunicación y las instituciones judiciales. Mientras tanto, miles de millones de personas se enfrentan a dificultades que podrían evitarse y a la erosión de sus derechos civiles y políticos. Las protestas y las movilizaciones son aplastadas por Gobiernos en todo el mundo.

Construir un movimiento global para atrevernos a exigir cambios

Existen demasiados contextos en los que atreverse a disentir significa arriesgarse a sufrir detenciones o intimidación, e incluso puede suponer poner en peligro la propia vida.

Por ello, la ciudadanía debe estar unida para poder alzar la voz, defender sus demandas y proteger el poder colectivo para avanzar hacia un futuro más justo.

La solidaridad y colaboración son clave para crear el mundo que merecemos. Es hora de construir un movimiento social que defienda derechos y exija el fin de las desigualdades.