Las mujeres y el trabajo de cuidados: sin tiempo, sin oportunidades, sin voz

Emmily (65yrs) drinks at a water point in Mabondo village, Masvingo District, Zimbabwe.

Gracias a el programa We Care de Oxfam y un sistema de abastecimiento de agua alimentado con energía solar, Emmily, de 65 años, tiene ahora acceso a agua corriente cerca de su casa en Zimbabue. Antes, tenía que caminar 45 minutos y bajar abruptas laderas hasta llegar al río, de donde cogía el agua. Foto: Aurelie Marrier d'Unienville/Oxfam

Para muchas mujeres, la brecha de género va más allá del salario. Son las horas de trabajo no remunerado que se dan por sentado antes incluso de hablar de ingresos o medios de vida.

Este trabajo no remunerado puede consistir en el cuidado de los hijos o de familiares de edad avanzada, la limpieza del hogar o tener que destinar cuatro horas cada día a ir a recoger agua para satisfacer las necesidades básicas de su familia. Puede consistir en todo lo anterior y en mucho más.

Ya sea porque están en casa o porque su trabajo es considerado de menor valor, apenas se escucha su voz en los debates en torno a la igualdad. No les queda tiempo para trabajar con sus comunidades o tener una mayor participación en la sociedad para mejorar su futuro, el de sus familias o el de otras personas en su misma situación. 

 

Más tiempo, más voz

Since attending We Care seminars with her husband, Rowena, day-care worker and mother, Philippines, has more time to get involved in her community.

Rowena es madre y trabaja como cuidadora en una escuela infantil en Filipinas. Desde que asistió a los seminarios del programa We Care con su marido, tiene más tiempo para participar en las actividades de su comunidad.

Rowena es cuidadora en una escuela. También es ama de casa. Ni ella ni su marido han cuestionado nunca las horas adicionales que Rowena dedica a recoger agua (entre tres y cuatro al día, hasta el río y de vuelta), cocinar, limpiar y hacer otras tareas del hogar además de su trabajo.

Pero tras asistir a unos seminarios y talleres formativos organizados por Oxfam y Unilever en el marco del programa We Care, ahora se reparten las tareas. Es más, gracias a los tanques de agua que Oxfam y SIKAT han instalado, ninguno de los dos debe dedicar tanto tiempo al día a ir a buscar agua.

Estos cambios han posibilitado que Rowena disponga de más tiempo para participar en proyectos comunitarios. 

La gran cantidad de tareas que nos asignaban a las mujeres nos impedía estar al mismo nivel que los hombres de la comunidad. Siempre había una brecha entre mujeres y hombres: en términos de salario, educación o tiempo para realizar actividades fuera del hogar.

Rowena

Reducir el volumen de trabajo

Las mujeres de comunidades rurales y países en desarrollo destinan hasta 14 horas diarias a trabajos de cuidado esenciales porque carecen de infraestructuras que les ahorrarían una gran cantidad de tiempo que muchos de nosotros y nosotras damos por sentado. Suplen la falta de servicios públicos básicos como, por ejemplo, el suministro de agua a través de fuentes cercanas.

No se puede eliminar o reducir el tiempo de dedicación a todas las tareas, pero en el caso algunas sí es posible. Y hacerlo supondría que las mujeres y las niñas dispondrían de más tiempo para poder trabajar, estudiar o encontrar otras formas de contribuir a sus hogares y comunidades. Recursos para ahorrar tiempo como, por ejemplo, una fuente de agua comunitaria, un horno o una carretilla, pueden suponer una diferencia enorme en sus vidas, al igual que si se lograra un reparto equitativo de las tareas. 

Compartir responsabilidades y cambiar actitudes

Ulita Mutambo and her husband Muchineripi Sibanda take a break in their corn field near their home in Ture Village, Zvishevane region, Zimbabwe. Photo credit: Aurelie Marrier d'Unienville / Oxfam

Ulita Mutambo y su marido, Muchineripi Sibanda, descansan en su campo de maíz cerca de su casa en el pueblo de Ture, en la región de Zvishevane (Zimbabue). Foto credit: Aurelie Marrier d'Unienville / Oxfam

Tras casarse con Muchineripi en 2007, Ulita asumió todas las tareas del hogar, tal y como se esperaba que hiciera. Una vez que Ulita estaba muy enferma, Muchineripi fue a recoger agua. Otros hombres de su comunidad se rieron de él. Jamás quiso volver a hacerlo.

Sin embargo, su percepción cambió después de que ambos participaran en el programa We Care, que tiene como objetivo cambiar actitudes y conductas a través de actividades de formación y sensibilización. También busca formas prácticas de minimizar la dificultad y el tiempo de dedicación a las tareas del hogar.

Cuando mi hijo se case, quiero enseñarle para que siga mi ejemplo. Quiero que ayude a su esposa.

Muchineripi, Zimbabwe

Gracias a este programa, Ulita y Muchineripi han recibido una carretilla que facilita la recogida de agua, de leña, de la cosecha e incluso el lavado de la ropa. Trabajando juntos pueden cultivar más tierra, conseguir más ingresos y tener tiempo para ayudar a sus hijos con las tareas escolares. Muchineripi es consciente de estos beneficios y se alegra de poder contribuir en todas las actividades.

Compartir responsabilidades tiene un efecto "cascada": se educa al respecto a los niños y niñas, aumenta el bienestar de las mujeres, que a su vez están en una mejor posición para obtener más ingresos para el hogar, y los hombres se benefician de compartir la responsabilidad de obtener ingresos, educar a sus hijos, así como de las ideas, energía y conocimientos que las mujeres aportan a sus comunidades y a la sociedad en general.

Las mujeres, creadoras de riqueza

A veces no se trata de solo de repartir las tareas entre maridos y esposas, e hijos e hijas, sino de proporcionar oportunidades. Al hacerlo, ya sea mediante infraestructuras o valorando el trabajo que realizan las mujeres y las niñas, se libera parte de su tiempo para que puedan poner en marcha un negocio y construir su futuro. 

Sarah, 37, single mother of six, washing laundry. On top of her two jobs she cooks, cleans, and cares for her children and is also trying to grow some vegetables in the garden to improve their diet. Photo credit: Islam Mardini/Oxfam

Sarah, de 37 años y madre soltera de seis hijos, lava la ropa. Además de sus dos trabajos, cocina, limpia y cuida de sus hijos. También está intentando cultivar verduras en su huerta para mejorar la dieta de su familia. Foto: Islam Mardini/Oxfam

Sarah es una madre soltera de seis hijos. Su familia huyó en 2013 de la violencia en la zona rural de Al-Sfireh, en Aleppo, pero regresó en 2018 y ha conseguido reconstruir parcialmente su casa. Sarah trabaja como limpiadora y jornalera. Como muchas otras madres solteras, se siente sobrepasada. "Me resulta muy complicado cuidar de mis hijos pequeños y, al mismo tiempo, trabajar tantas horas, especialmente porque mi hijo pequeño tiene epilepsia. Pero ¿qué puedo hacer cuando no tengo más opciones?" afirma Sarah.

Esto me ayudará a comprar lo que mi familia necesita y llevar a mi hijo pequeño al médico. Me ayudará a ser autosuficiente de nuevo.

Sarah, Siria

Las trabajadoras y trabajadores del hogar son uno de los sectores más explotados del mundo. Tan solo el 10% están protegidos por la legislación laboral general en la misma medida que el resto de profesionales, y tan solo cerca de la mitad goza de la misma protección en términos de salario mínimo. 

Recientemente, Sarah participó en un taller formativo sobre cocina casera como actividad comercial en el marco de un programa de Oxfam. Adquirió nuevas habilidades y recibió un kit para cocinar que incluye aparatos como un horno eléctrico, una batidora, cuchillos y sartenes, para ayudarle a comenzar una nueva carrera profesional. 

Hora de cuidar a las cuidadoras

Gracias al trabajo de las mujeres, el mundo sigue girando: cuidan de las niñas y niños, recogen leña y agua, limpian oficinas y hospitales,… Y desde que nacemos hasta que morimos, todas y todos precisamos que se nos cuide en algún momento de nuestra vida.

Es hora de reconocer la contribución a la sociedad de quienes cuidan de otras personas, así como de nuestros hogares, nuestras empresas, nuestra economía y nuestro bienestar. Los Gobiernos y las grandes empresas deben sumarse a este reconocimiento.