Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global y cómo combatirla

Hundreds of millions of people are living in extreme poverty while huge rewards go to those at the very top.

La creciente disparidad entre ricos y pobres está socavando la lucha contra la pobreza, dañando nuestras economías y fragmentando nuestras sociedades. Pero la desigualdad no es inevitable, sino una elección política. Foto: Eleanor Farmer/Oxfam

La desigualdad extrema está fuera de control. Cientos de millones de personas viven en la pobreza extrema mientras las élites más ricas reciben enormes ganancias. Nunca ha habido tantos milmillonarios, y su riqueza ha alcanzado un récord histórico. Mientras tanto, las personas en mayor situación de pobreza del mundo se han empobrecido aún más.

Numerosos Gobiernos están alimentando esta crisis de desigualdad al conceder enormes beneficios fiscales a las grandes empresas y las personas ricas mientras siguen sin financiar adecuadamente servicios públicos básicos, como la salud y la educación. 

Las personas en situación de pobreza son quienes se ven más afectadas por estas políticas. Los costes humanos son enormes, y son las mujeres y las niñas las que más sufren las consecuencias. A pesar de la enorme contribución que las mujeres y las niñas realizan a través del trabajo de cuidados no remunerado, son uno de los grupos que menos se benefician del sistema económico actual.

Esto tiene que cambiar. Y el cambio es posible.

Únete a nuestro movimiento para pedir a los Gobiernos que apliquen impuestos justos a las grandes empresas y las personas ricas y que inviertan en servicios públicos básicos que permitan a las mujeres y las niñas salir de la pobreza.

Pobreza extrema vs. riqueza extrema: ¿cúal es la magnitud de la desigualdad?

El 1% más rico de la población posee más del doble de riqueza que 6900 millones de personas.

Casi la mitad de la humanidad vive con menos de 5,50 dólares al día.

1. Llenando los bolsillos de los milmillonarios. En la cúspide de la pirámide económica, un reducidísimo grupo de personas, fundamentalmente hombres, acumulan billones de dólares. Sus fortunas y su poder crecen de forma exponencial. Actualmente, los milmillonarios poseen más riqueza que 4600 millones de personas (el 60% de la población mundial). Mientras, aproximadamente 735 millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema. Una factura médica o una mala cosecha bastarían para que muchas otras se vieran sumidas en la miseria.

Tan solo 4 centavos de cada dólar recaudado se obtienen a través de impuestos sobre la riqueza.

Los súper ricos eluden hasta el 30 % de sus obligaciones fiscales.

2. Exiguos impuestos sobre la riqueza. Además de ver cómo sus fortunas siguen creciendo, los más ricos (al igual que las empresas que poseen) disfrutan también de los niveles impositivos más bajos de las últimas décadas. A su vez, el peso fiscal recae de manera desproporcionada sobre las trabajadoras y trabajadores. Cuando los Gobiernos conceden beneficios fiscales a las grandes empresas y las personas ricas, hay menos dinero para servicios básicos como la educación y la salud, lo que incrementa aún más el volumen de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y las niñas.

En la actualidad, hay 258 millones de niñas y niños sin escolarizar: uno de cada cinco.

Por cada 100 niños que están sin escolarizar, hay 121 niñas a las que se priva de su derecho a la educación.

3. Servicios públicos infradotados. Al mismo tiempo, los servicios públicos sufren un déficit crónico de financiación o se subcontratan a empresas privadas que excluyen a las personas más pobres. En muchos países, los servicios de educación o salud de calidad se han convertido en un lujo que solo se pueden permitir las personas ricas. Esto repercute gravemente en el futuro de las niñas y niños y en las oportunidades que tendrán para disfrutar de una vida más larga y próspera.

Cada día, 10 000 personas pierden la vida por no poder costearse la atención médica.

Cada año, 100 millones de personas se ven arrastradas a la pobreza extrema por los gastos médicos que deben afrontar.

4. Una esperanza de vida cercenada. En la mayoría de los países, tener dinero es el mejor pasaporte para disfrutar de una buena salud y tener una mayor esperanza de vida. En cambio, la pobreza suele acarrear el padecimiento de más enfermedades y una muerte más prematura. La esperanza de vida en las comunidades pobres es entre 10 y 20 años inferior que en las zonas prósperas. En los países en desarrollo, una niña o niño de una familia pobre tiene el doble de probabilidades de morir antes de los 5 años que una niña o niño de una familia rica.

Los 22 hombres más ricos del mundo tienen más riqueza que todas las mujeres de África.

El trabajo de cuidados ejercido por mujeres equivale a 10,8 billones de dólares anuales en la economía mundial.

5. La desigualdad es sexista. Con menos ingresos y activos que los hombres, las mujeres constituyen la mayor parte de los hogares más pobres del mundo; un porcentaje que va en aumento. Tienen más probabilidades de ocupar empleos precarios y mal remunerados, contribuyendo a la economía de mercado como mano de obra barata e incluso gratuita También apoyan a los Estados dedicando miles de millones de horas al trabajo de cuidados, remunerado o no: una contribución enorme y no reconocida a nuestras sociedades y a la prosperidad económica.

Un mundo más justo es posible

La creciente disparidad entre ricos y pobres está socavando la lucha contra la pobreza, dañando nuestras economías y fragmentando nuestras sociedades. 

Pero la desigualdad no es inevitable, sino una elección política. 

Los Gobiernos de todo el mundo deben tomar medidas urgentes para construir una nueva economía más humana que valore lo que realmente importa para la sociedad, en vez de alimentar una carrera sin fin por el beneficio económico. Una economía que ponga en valor el trabajo de cuidados que realizan las mujeres y las niñas, y no la riqueza de los milmillonarios. Una economía que funcione para todas las personas, y no únicamente para unos pocos afortunados. 

Únete para pedir a los líderes políticos que inviertan en servicios públicos básicos y que apliquen impuestos justos a las grandes empresas y las personas ricas, y así velar por que todas las personas tengan empleos seguros que les reporten un salario digno. Es hora de luchar contra la desigualdad y de acabar con la pobreza de una vez por todas.