Crónica de una desigualdad anunciada

La desigualdad en América Latina y el Caribe no es fortuita, sino el fruto de decisiones políticas deliberadas que sirven a un grupo reducido de la sociedad en vez de garantizar el bienestar común.

En la última década los países de Latinoamérica y el Caribe lograron grandes progresos en la reducción de la pobreza. Sin embargo, la región sigue siendo la más desigual del mundo y donde más creció (38%) en el último año el número de ricos que acumulan más de mil millones de dólares. En ninguna otra región del mundo subió tanto este grupo. La desigualdad constituye un obstáculo para la sostenibilidad y el avance en la erradicación de la pobreza.

El informe de Oxfam “IGUALES. Acabemos con la desigualdad extrema” resalta que la extrema concentración de la riqueza en manos de pocos no es un hecho accidental ni inevitable, sino resultado de políticas que lo propician y que pueden y deben ser revertidas.

La gran acumulación de riqueza en manos de unos pocos hace invisible la línea de separación entre el poder político y el económico, propiciando una forma de secuestro democrático por las élites económicas y políticas que diseñan las reglas en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría de la sociedad.

La ganancia de una minoría se produce a costa de los sectores más vulnerables, que son víctimas de entornos políticos excluyentes, sistemas fiscales regresivos e injustos, servicios de educación y salud deficitarios, políticas de protección social de cobertura limitada y un sistema laboral basado sobre informalidad y explotación. Las mujeres siguen siendo las que más sufren la exclusión.

El informe “IGUALES” desgrana las causas y las consecuencias de la desiguadad y propone soluciones concretas para revertirla. En definitiva los países de América Latina y el Caribe se enfrentan todavía a las altas tasas de pobreza y vulnerabilidad, y los gobiernos tienen la responsabilidad última de garantizar los derechos de toda la ciudadanía. Como parte de esta obligación deben enfrentar los intereses particulares y desarrollar políticas que representen el interés colectivo y reduzcan la desigualdad.