Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global y cómo combatirla

Pratima ha perdido a sus gemelos debido a los retrasos y la escasez de recursos que afectan su centro de salud. En la India, la atención sanitaria de mayor calidad tan solo está al alcance de ciertos bolsillos. Photo: Atul Loke, Panos/Oxfam

Pratima ha perdido a sus gemelos debido a los retrasos y la escasez de recursos que afectan su centro de salud. En la India, la atención sanitaria de mayor calidad tan solo está al alcance de ciertos bolsillos. Photo: Atul Loke, Panos/Oxfam

Estamos ante un modelo económico fallido. Cientos de millones de personas viven en la pobreza extrema mientras las élites más ricas reciben enormes ganancias. Nunca ha habido tantos milmillonarios, y su riqueza ha alcanzado un récord histórico. Mientras tanto, las personas en mayor situación de pobreza del mundo se han empobrecido aún más.

Numerosos Gobiernos están alimentando esta crisis de desigualdad al conceder beneficios fiscales a las grandes empresas y las personas ricas mientras siguen sin financiar adecuadamente servicios públicos básicos, como la sanidad y la educación. Las personas en situación de pobreza son las que se ven más afectadas por estas políticas. Los costes humanos son enormes y son las mujeres y las niñas las que más sufren las consecuencias.

La desigualdad atrapa a las personas en la pobreza. Unamos nuestras fuerzas para luchar contra ella.  

Únete a nuestro movimiento para pedir a los Gobiernos que apliquen los impuestos justos a las grandes empresas y las personas ricas y que inviertan en servicios públicos básicos que permitan a las personas salir de la pobreza.

Pobreza extrema vs. riqueza extrema: la brecha de desigualdad?

La riqueza de los milmillonarios se incrementó en 900 000 millones de dólares el año pasado, lo que supone $2500 millones al día.

El año pasado, 26 personas poseían la misma riqueza que los 3800 millones de personas más pobres del mundo.

1. El auge de los milmillonarios. Ha pasado una década desde que la crisis financiera sacudiera el mundo, dejando un enorme sufrimiento tras de sí. En ese tiempo, la fortuna de las personas más ricas ha aumentado drásticamente. El número de milmillonarios prácticamente se ha duplicado desde el inicio de la crisis económica (entre los años 2017 y 2018 surgía un nuevo milmillonario cada dos días). La riqueza que poseen en la actualidad no tiene precedentes, mientras que cerca de la mitad de la humanidad se encuentra al borde de la pobreza extrema y vive con menos de 5,50 dólares al día.

Tan solo 4 centavos de cada dólar recaudado a través de impuestos corresponden a los impuestos sobre la riqueza.

En algunos países, el 10% más pobre de la población dedica al pago de impuestos un porcentaje mayor de sus ingresos que el 10% más rico.

2. Reducidos impuestos sobre la riqueza. La fortuna de los más ricos no hace sino aumentar y, sin embargo, tanto ellos como las empresas que controlan disfrutan de los tipos impositivos más bajos de las últimas décadas. A su vez, el peso fiscal recae de manera desproporcionada sobre las trabajadoras y trabajadores. Cuando los Gobiernos conceden beneficios fiscales a las grandes empresas y las personas ricas, hay menos dinero para servicios básicos como la educación y la sanidad, lo que incrementa la desigualdad y la pobreza.

En la actualidad, hay 262 millones de niñas y niños sin escolarizar.

En Kenia, una niña pobre tiene una posibilidad entre 250 de seguir estudiando una vez finalizada la secundaria.

3. Servicios públicos infradotados. Al mismo tiempo, los servicios públicos sufren un déficit crónico de financiación o se subcontratan a empresas privadas que excluyen a las personas más pobres. En muchos países, los servicios de educación o salud de calidad se han convertido en un lujo que solo se pueden permitir las personas ricas. Esto repercute gravemente en el futuro de las niñas y niños y en las oportunidades que tendrán para disfrutar de una vida más larga y próspera.

Cada día, 10,000 personas pierden la vida por no poder costearse la atención médica.

La esperanza de vida en las zonas más pobres de Sao Paulo, en Brasil, es de 54 años.

4. Una esperanza de vida cercenada. En la mayoría de los países, tener dinero es el mejor pasaporte para disfrutar de una buena salud y tener una mayor esperanza de vida. En cambio, la pobreza suele acarrear el padecimiento de más enfermedades y una muerte más prematura. La esperanza de vida en las comunidades pobres es entre 10 y 20 años inferior que en las zonas prósperas. En los países en desarrollo, una niña o niño de una familia pobre tiene el doble de probabilidades de morir antes de los 5 años que una niña o niño de una familia rica.

Los hombres poseen un 50% más de la riqueza mundial que las mujeres y controlan el 86% de las empresas.

El trabajo de cuidados ejercido por mujeres equivale a 10 Billones dE dólares  anuales en la economía mundial.

5. La desigualdad es sexista. Cuando los servicios públicos no funcionan adecuadamente, son las mujeres y las niñas las que más sufren las consecuencias. Las niñas son las primeras que se ven obligadas a abandonar la escuela cuando no hay dinero para pagar sus gastos de escolarización, y las mujeres dedican horas a cuidar de sus familiares enfermos cuando los servicios públicos de salud no responden. La prosperidad de nuestras economías depende de la enorme contribución (no reconocida) que realizan las mujeres a través del trabajo de cuidados no remunerado que asumen.

La desigualdad no es inevitable

Aulas sin docentes, clínicas sin medicamentos... el coste humano de la desigualdad es devastador. La disparidad creciente entre ricos y pobres está socavando la lucha contra la pobreza, dañando nuestras economías y alimentando el malestar de la ciudadanía en todo el mundo.

La desigualdad no es inevitable, sino una elección política. Es posible adoptar medidas concretas para reducirla. Si se aplicasen los impuestos justos a las grandes empresas y las personas ricas, podría recaudarse globalmente el dinero suficiente para escolarizar a los 262 millones de niñas y niños que actualmente no tienen acceso a la educación y garantizar que nadie tenga que arruinarse para pagar los costes médicos de sus familias.

Únete para pedir a los líderes políticos que inviertan en servicios públicos básicos y que apliquen los impuestos justos a las grandes empresas y las personas ricas. Es hora de luchar contra la desigualdad y de acabar con la pobreza de una vez por todas.