Es hora de cambiar las reglas: acabemos con la desigualdad extrema

Ecolière devant un tableau noir dans une salle de classe de Kigali, Rwanda. Photo : Simon Rawles

La desigualdad extrema nos perjudica a todos y a todas: socava el crecimiento económico, alimenta la delincuencia y hace trizas las esperanzas y aspiraciones de miles de millones de personas atrapadas en la pobreza y sin posibilidades de salir de ella. La desigualdad extrema nos impide  acabar con ella y lograr la igualdad entre mujeres y hombres.

Esta desigualdad brutal no es inevitable, sino el resultado de decisiones políticas y económicas deliberadas. La concentración de la riqueza implica grandes cuotas de poder e influencia. Vivimos en un mundo en el que las reglas están manipuladas en beneficio de las personas más ricas y a costa de todas las demás. Así, a medida que la riqueza de unos pocos sigue aumentando, las personas más pobres se van quedando atrás.  

También los paraísos fiscales que permiten a las grandes multinacionales y a las personas más ricas eludir o evadir el pago de los impuestos que les corresponden han contribuido a aumentar esta crisis de desigualdad. Los más de 7,6 billones de dólares que ocultan tienen un efecto devastador para los países más pobres.

¿Sabías que?

 

  • En 2019, los 2153 milmillonarios que había en el mundo poseían más riqueza que 4600 millones de personas.

  • Los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África.

  • Las mujeres y niñas dedican al trabajo de cuidados no remunerado 12 500 millones de horas diarias - una contribución a la economía global de al menos 10,8 billones de dólares anuales.

  • Los países en vías de desarrollo pierden cerca de 170.000 millones de dólares cada año en ingresos fiscales a causa de las empresas y las personas más ricas.

  • Un aumento del 0,5% en el impuesto sobre la riqueza del 1% más rico podría crear en una década 117 millones de empleos en sectores como el cuidado infantil, la salud y otros servicios.

 

Luchemos por un mundo más más justo

La mayoría de los dirigentes políticos no han logrado reducir esta brecha. Pero la desigualdad no es inevitable, podemos tomar medidas concretas para acabar con ella. De España a Sudáfrica, de Perú a Pakistán, ya estamos exigiendo un mundo más justo.

Debemos desafiar la concentración de la riqueza y el poder en unas pocas manos porque cada vez es más difícil que las personas puedan salir del círculo de la pobreza.  Podemos cambiar el modelo fiscal para garantizar que las personas ricas contribuyan de forma justa. Podemos exigir una mayor inversión en los sistemas públicos de salud y educación, así como también salarios dignos. Y debemos asegurar que las personas más pobres puedan alzar su voz y que quienes ostentan el poder escuchen.

Es hora de cambiar las reglas para poner fin a la desigualdad y a la pobreza de una vez por todas. Súmate a IGUALES.