Es hora de cambiar las reglas: acabemos con la desigualdad extrema

Ecolière devant un tableau noir dans une salle de classe de Kigali, Rwanda. Photo : Simon Rawles

La desigualdad extrema nos perjudica a todos y a todas: socava el crecimiento económico, alimenta la delincuencia y hace trizas las esperanzas y aspiraciones de miles de millones de personas atrapadas en la pobreza y sin posibilidades de salir de ella. La desigualdad extrema nos impide  acabar con ella y lograr la igualdad entre mujeres y hombres.

Esta desigualdad brutal no es inevitable, sino el resultado de decisiones políticas y económicas deliberadas. La concentración de la riqueza implica grandes cuotas de poder e influencia. Vivimos en un mundo en el que las reglas están manipuladas en beneficio de las personas más ricas y a costa de todas las demás. Así, a medida que la riqueza de unos pocos sigue aumentando, las personas más pobres se van quedando atrás.  

También los paraísos fiscales que permiten a las grandes multinacionales y a las personas más ricas eludir o evadir el pago de los impuestos que les corresponden han contribuido a aumentar esta crisis de desigualdad. Los más de 7,6 billones de dólares que ocultan tienen un efecto devastador para los países más pobres.

¿Sabías que?

  • Oxfam ha calculado que, en 2018, las 26 personas más ricas del mundo poseían la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. En otras palabras, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante
  • Aproximadamente la mitad de la población mundial –3.400 millones de personas– viven con menos de 5,50 $ al día.
  • Siete de cada diez personas viven en países donde la brecha entre personas ricas y pobres es peor que hace treinta años.
  • Los países en vías de desarrollo pierden cerca de 170.000 millones de dólares cada año en ingresos fiscales a causa de las empresas y las personas más ricas.
  • Los hombres son los que reciben los mayores ingresos. De las 2.153 personas milmillonarias del mundo, el 89 % son hombres.
  • Si no se toman medidas, serán necesarios 170 años para cumplir con el principio de igualdad de retribución por un mismo trabajo para hombres y mujeres.

Luchemos por un mundo más más justo

La mayoría de los dirigentes políticos no han logrado reducir esta brecha. Pero la desigualdad no es inevitable, podemos tomar medidas concretas para acabar con ella. De España a Sudáfrica, de Perú a Pakistán, ya estamos exigiendo un mundo más justo.

Debemos desafiar la concentración de la riqueza y el poder en unas pocas manos porque cada vez es más difícil que las personas puedan salir del círculo de la pobreza.  Podemos cambiar el modelo fiscal para garantizar que las personas ricas contribuyan de forma justa. Podemos exigir una mayor inversión en los sistemas públicos de salud y educación, así como también salarios dignos. Y debemos asegurar que las personas más pobres puedan alzar su voz y que quienes ostentan el poder escuchen.

Es hora de cambiar las reglas para poner fin a la desigualdad y a la pobreza de una vez por todas. Súmate a IGUALES.